Ciudad de Dios
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Ciudad de Dios: | Presentación | Misión e Historia
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Eventos: | Calendario Comunitario | Montelimar 2005 |
 
"Vete al Hospital Vamos a buscar a Gregory Crónica de una muerte anunciada El Vendedor de Seguros
El Gordito Un Charlón de película Alegría en la enfermedad ¡Vade Retro!
Jesús trasciende Fronteras Haréis las mismas cosas que Yo Cortejo y Noviazgo Versión del Esposo
Orando con Jesús Predicando en el desierto Con más clavos que una ferretería Con las hermanas
Mi casa en llamaradas

"¿Qué era lo que le estábamos pidiendo al Señor  hoy en la mañana, aquí en la acera?"

Con un nombre nuevo Servicio Militar
Ya no son dos sino uno solo Para eso son los hermanos Nuestros Hijos Las Mujeres del Señor
Gracias Señor por el "don de la vida" Gracias Señor por devolverme a mi esposa En una Asamblea Evangelística El milagro de mi vida
Mi Primera Asamblea Viernes Santo Un hermano separado "No Temas, Yo estoy contigo"
Miomatosis Uterina Sanación del miedo Maremoto Colorido de la Comunidad
Agua hirviendo

Poxipol

Con los pulmones afectados "Alabado sea Dios, me salió un cáncer"
El nacimiento de mi hija Tétano Mis primeros pasos La Visita de Su Santidad Juan Pablo II
Acuérdate de tu Creador ahora que eres Joven Todos pensaban que iba a morir A través del Rosario A nosotros lo que nos toca es sembrar
Fruto de la desobediencia "Señor, sana a mi papá... Señor, sana a mi papá" Estaba como muerta Dos manos gigantescas

 

"Vete al Hospital"

Padre Victoriano Arizti

Como todas las mañanas estaba haciendo mi oración. Era una mañana de Diciembre. Cuando de repente, siento con fuerza una voz interior que me dice: "Vete al Hospital". En un principio, no le doy demasiada importancia. Continúo orando, pero vuelve con renovada fuerza el mismo sentimiento: "Vete al Hospital". Trato de recordar si, en el Hospital, puede estar algún familiar, conocido o amigo al que debería visitar. No recuerdo a ninguno, pero ante la insistencia repetida de la voz: "Vete al Hospital, vete al Hospital, vete al Hospital". Me levanto de la oración, y dejando todo, me voy al Hospital "en tu nombre, Señor".

En la planta baja, me encuentro con una religiosa, Hija de la Caridad, a la que conozco. Y le explico por qué he venido. La religiosa medio asustada, me dice que ella no sabe de ningún enfermo que pueda necesitarme.

Recorro el pasillo del 1er al 3er piso. Y no conozco a nadie. Al llegar a la 4ta. Planta, veo al fondo a una mujer que está llorando. Me acerco y, al verme, me reconoce y echándose a mis brazos me cuenta la tragedia por la que está allí. Ha tenido que ingresar la víspera, en el Hospital a una hija suya, soltera, que encontrándose en estado, quiso abortar, y como consecuencia de aquel aborto realizado con remedios caseros, estaba teniendo unas hemorragias. Y se iba en sangre.

Tengo que decir que esta madre, había hecho Cursillos de Cristiandad conmigo, hacía algunos años. Le dije por qué estaba yo allí en aquella temprana hora del día. En la oración me había mandado el Señor.

Entré en la habitación, saludé a la hija y le expliqué también la razón de mi visita, haciéndole ver que el Señor le amaba tanto que había enviado a un sacerdote, sin que ella lo pidiera, para reconciliarse con él. Ella lo comprendió. Y recibió el Sacramento, y luego ambas recibieron la Sagrada Comunión.

Cuando ya me marchaba, dando gracias y alabando a Dios, me dice la madre: "Yo quiero pedirle un favor. Mi marido nos echó de casa a mi hija y a mí porque no aceptaba las relaciones de noviazgo que mi hija llevaba con ese muchacho que ya ve usted la dejó en estado. Y, como yo defendía a mi hija, un día nos echó a las dos de la casa. De esto ya han pasado 3 meses y ahora vivimos separados. Si usted pudiera hacer algo para que pudiéramos vivir juntos de nuevo".

También el marido había hecho Cursillo conmigo. Aquella misma tarde me fui a su casa, le esperé en el portal, porque no había llegado del trabajo.

Cuando llegó, se extrañó de encontrarme. Le conté toda la jugada del Señor. Y el amor infinito con que la estaba realizando para devolver a todos los miembros de esa familia y a la familia entera la dicha y la paz. También el marido se reconcilió con el Señor. Y juntos nos fuimos los dos al Hospital para que se reconciliara con su esposa y con su hija.

Confieso que aquel día tuve una vivencia, como jamás la había tenido, de la Palabra de Jesús: "Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios, y la ponen en práctica".

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Vamos a buscar a Gregory

Naaman Bunyan

Mi esposa Silvia y yo, por el amor y la misericordia de Dios, procreamos tres hijos (dos muchachas y un varón), que sabemos son de Él y simplemente los puso en mi familia para que se los cuidemos.

Vivir en esta tierra tan bendita y tan amada de Dios en la década del ‘80 era una terrible pesadilla, especialmente para los jóvenes. La gente que tenía posibilidades económicas enviaba a sus hijos a otros países. Los que no tenían esas posibilidades sufrían grandemente y algunos jóvenes se adentraban en las montañas para ver si llegaban a cruzar las fronteras de Honduras o de Costa Rica. Muchos no pudieron llegar. Fueron muertos en el intento. Para los muchachos el llamado "Servicio Militar Patriótico", fue una horrible pesadilla en donde murieron unos cincuenta mil jóvenes.

Ante semejante situación de horror y terror, procuramos sacar del país al varón (Gregory). Lo mandamos a la Costa Atlántica para ver si por ese lado lograba escapar del país a cualquier lugar, menos quedarse en Nicaragua. Pero no logró salir del país. Se quedó un tiempo en Bluefields y luego regresó a Managua. ¿Se imaginan cómo nos sentíamos?

Una noche estoy bien inquieto. No está Gregory en la casa. Estoy en la cama, me despierto como a las 8 de la noche y le pregunto a Silvia: "¿Y Gregory no ha venido todavía?" Ella me contesta: "Nada todavía, negrito". Y así seguí despertándome, cada hora haciendo la misma pregunta y ella dando la misma respuesta. Como a las 12 de la noche, no aguanto más. La desesperación y la tensión me tienen dominados. Agarro a mi esposa y le digo: "Vamos a buscar a Gregory". Cuando no estamos bien apegados al Señor hacemos locuras.

Volviendo los ojos hacia aquel ayer algo lejano, me doy cuenta de que sólo una vez antes me había hablado el Señor tanto como lo hizo esa noche. Habría caminado con mi esposa una dos cuadras ( ella estaba tiritando de frío ), cuando oigo que el Señor me dice: "Tú no sabes lo que tengo preparado para mi hijo". En ese instante sentí que era algo grande, lo que Él tenía preparado para Gregory, pero no tenía idea de lo que sería.

El Señor me vuelve a decir: "¿A dónde vas con mi hija ? ¿No ves que la noche es fría?" No digo nada y sigo adelante con Silvia. Llegamos a la parada de los buses que salen para el Norte y para el Sur y El Señor me vuelve a hablar y me dice: "¿Por qué no vuelves a la casa y lees la Biblia?" Entonces le digo a Silvia: "Regresemos a la casa". Pero no le compartí nada de lo que el Señor me había estado diciendo.

Llegamos a la casa, después de la 1 de la madrugada. Tomo la Biblia, empiezo a leer (Mt.8:5-13), cuando allí no más va entrando Gregory a la casa. Imagínense ustedes la alegría que sentí en ese momento. Yo amaba más a mis hijos que al Señor y esa noche el Señor me sanó de eso.

Transcurre más tiempo, y Gregory comienza a sentir que el Señor quiere que sea uno de esa raza de hombres especiales. Quiere que sea su sacerdote. El Señor le da visiones y lecturas sobre el particular y él nos cuenta lo que va sintiendo.

En Diciembre de 1989 llegamos a una a misa y le llevo un regalito al Padre Guillermo Martínez. Antes de comenzar la misa le digo: "Padre, le traje un regalito para esta navidad". Y él me dice: "También yo te tengo un regalo de Navidad". Después de comulgar, le doy gracias a Dios por haberme permitido recibirlo en la Sagrada Comunión.

Después me dirijo hacia el altar a dejarle el regalito al Padre Memo, y me sigue Gregory. Al llegar ante el altar me dice el Padre: "¡Cómo son las cosas del Señor!... Durante toda la misa el Señor me estuvo señalando a Gregory y en uno de esos momentos le dije al Señor: Bueno Señor, ¿Qué es lo que querés con Gregory? Y el Señor me contestó: <Dile a Gregory: Gregory, mi pueblo está necesitado del Pan Espiritual ¿Qué vas a hacer tú para que mi pueblo me reciba a mí?>"

El chavalo se sintió muy bien con ese mensaje, pues le había pedido a Dios le confirmara su llamado por medio de alguien ajeno a la familia. Pero faltaba yo. Una noche mientras leía la Biblia el Señor me dijo: "Tu hijo será sacerdote". Yo me sentí muy mal. Sentí como si llevara toneladas de peso sobre mi espalda. En un momento de inspiración, tuve la valentía para decirle al Señor: "Señor, ahí tiene a Gregory. Haga con él lo que quiera, que después de todo, él es tuyo y no mío". Y en ese momento, sentí como que me quitaban todo ese peso que andaba cargando.

Poco tiempo después Gregory ingresó al Seminario Mayor, y el 5 de Diciembre de 1996 fue ordenado Sacerdote en la Catedral de Nuestra Señora del Rosario en Bluefields.

Todo esto es para la honra y gloria de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora y por los siglos sin fin. ¡Amén!

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Crónica de una muerte anunciada

Carlos Mántica A.

Supongo visitar la comunidad Jesed de Monterrey México dos veces al año, y al finalizar una de mis visitas sentí en la asamblea el impulso de alertarlos sobre la situación económica que se avecinaba. Les hablé de una crisis distinta y más prolongada que las anteriores, de la necesidad de prepararse cambiando desde ahora, voluntariamente a un estilo de vida más sobrio, las consecuencias del desempleo, evitar los endeudamientos, comprar al contado y muchos otros consejos prácticos que nos tocó seguir cuando el Señor nos anunció con años de anticipación el colapso económico de la Nicaragua sandinista.

A la mañana siguiente le compartí al Coordinador que me acompañaba al aeropuerto, una visión que no había querido compartir en la asamblea del día anterior. Le dije que habría pronto un asesinato político que sacudiría a todo el país y que había visto también la palabra "Colo".

Al día siguiente , en su reunión semanal este hermano compartió la visión con el resto de los Coordinadores. Fue una dicha que no compartiera la visión con la comunidad toda, pues me hubiera costado mucho explicar a las autoridades mexicanas cómo supe con anticipación acerca del asesinato de Colossio, ocurrido pocos días después.

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El Vendedor de Seguros

Bayardo Reyes A.

Cuando tenía el taller de mecánica, en un momento dado pasé una crisis económica muy seria. Mis hijas no tenían calzado para ir al colegio, ya debía 2 meses de colegio, la luz y el agua y comencé a preguntarle al Señor qué quería. ¿Quería que volviera a los viejos tiempos? ¿Que volviera a ser el hombre viejo que hizo tanto daño, robándole a los clientes?

Cual es mi sorpresa que como a los 2 ó 3 días de estar orando, pidiéndole al Señor me iluminara sobre qué tenía que hacer o que me diera trabajo, se apareció a reclutarme un agente de una compañía de seguros nicaragüense. Le digo: "Vos estás loco, vender seguros yo, ¿cómo? Si yo soy mecánico. Si me dijeras vender automóviles, tal vez". No hombre, me dijo, yo tengo recomendaciones de gente que dice que vos tenés la capacidad básica. Yo te voy a entrenar. Le repetí que no.

Al siguiente día, llegó otro agente a reclutarme para otra compañía. Le dije exactamente lo mismo. Y seguí orando y pidiéndole al Señor. Tres días después se aparece a reclutarme un agente de una compañía americana: la Pan American Life, para vender seguros de vida. Hasta entonces, caí en la cuenta. ¡Qué tonto!, si le he estado pidiendo al Señor que me dé trabajo; pues si aquí está la oportunidad! ¡Voy a hacerlo! Y en efecto así fue.

Comencé mi entrenamiento, y terminé vendiendo seguros. Por aquel entonces viajaba mucho a Santo Tomás, Chontales, para vender seguros, pero más bien me estaba dedicando a predicar. Viajaba 2 ó 3 veces por semana, y ocupaba los fines de semana para dar Seminarios de la Vida en el Espíritu en distintos lugares.

Un día de tantos, me fui donde un Señor aquí en Managua y le ofrecí un seguro de vida. Me lo habían recomendado, ya tenía todas las referencias de él, y este señor me dice: "Yo no compro seguros, yo no gasto en esas cosas. Además, las compañías aseguradoras son ladronas, etc...". Me puse tan molesto que le dije: "Mirá, ¿por qué no me enseñás al hombre que va a estar a cargo de tu mujer y tus hijos cuando vos te murás?, para ver si él es capaz de comprar un seguro". Fue una vulgaridad de mi parte pero él reaccionó, y su reacción fue: "Hombré, hablemos de algún plan". ¡No!, le dije yo, ¡ya no te vendo el seguro!

Me fui a la compañía y como a los 3 días, hay una llamada para el agente Bayardo Reyes. No me encontraron porque yo andaba vendiendo en la calle, pero la llamada se la pasaron a mi supervisor de ventas que era mi jefe inmediato y éste conversó con el hombre al que yo no quería venderle el seguro. Mi jefe me llamó muy serio y me dijo que cómo era posible lo que había hecho, si él me había entrenado. Yo le expliqué por qué razón no le vendí. Y me dijo: "No, yo quiero que vayas porque ese es tu trabajo".

Llegué donde el cliente que quería el seguro, comencé a hablar con él y le dije: "Mire, el seguro que le quiero vender es un seguro más importante. Y es el seguro de Jesucristo nuestro Señor". Comencé a predicarle al Señor, lo invité a un Seminario de la Vida en el Espíritu y tuvo una conversión extraordinaria. Se convirtió en uno de los grandes líderes de la Renovación Carismática, en la Parroquia de Pío X. Ahora es uno de los grandes líderes en una parroquia en San Francisco de California. Cuando fuimos a San Francisco, invitados por Moncho Lacayo , cuál fue mi sorpresa que me lo encontré allá, como uno de los grandes líderes a cargo de una parroquia y de una gran cantidad de personas.

Después comprendí con toda claridad que el Señor me había permitido pasar aquella situación económica tan difícil para llevarme a otro ámbito donde traer mucha gente. Que tuviera la oportunidad, que no tenía en mi taller, de proclamarle la palabra a muchísima gente tanto en Chontales, como en mi trabajo. Porque fue en el trabajo donde el Señor me permitió invitar a Marcos Romano, a dos jefes míos, a otros compañeros de trabajo y a una compañera de trabajo que ahora es una de las grandes líderes del Catecumenado aquí en la Iglesia de El Redentor.

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El Gordito

Jimmy Bolaños

Después de salir de mi primer retiro de Convivencia Cristiana, al que asistí con mi esposa en la Semana Santa de 1985, comencé a invitar y llevar a los retiros a familiares, amigos y empleados de mi finca, Alejandría. Unos de estos empleados muy apreciado fue Alfredo Herrera. Cariñosamente le llamamos el gordito, mecánico automotriz. Alfredo es originario de Nandaime, como Martha Ruth mi esposa. Salió muy bien del retiro y junto con su esposa Juanita que ya había asistido también a un retiro, se integraron en Convivencia Cristiana de Diriamba. Para hacerlo se trasladaron a vivir a Diriamba de manera definitiva. Con el tiempo montó su taller propio donde trabajaba junto con algunos familiares; tuvo a su cargo por muchos años varias comarcas del lado abajo de Diriamba, llevando el mensaje del Evangelio, a cargo de grupos, asambleas, organizando actividades, etc. Era un verdadero apóstol del área rural de la Parroquia San Sebastián.

A mediados de los ochenta comenzó a padecer de diabetes, y ya para el año ‘93 su situación de salud se fue empeorando, al punto que comenzó a padecer de fuertes dolores en las piernas (que no se le quitaban ni de día ni de noche) y que lo obligaron a usar bastón. Además, la misma enfermedad le estaba ocasionando una pérdida de peso continua que no se detenía. Tuvo que dejar de asistir al taller y en cierto momento no pudo continuar visitando las comunidades rurales. Visitó muchos médicos, incluso los de medicina natural, quienes no pudieron hacer nada por impedir que siguiera perdiendo peso.

Para Mayo de 1995 tuvimos una Asamblea Evangelística en el Colegio María Mazzarello, y me puse de acuerdo con Orlando Esquivel de invitar a Alfredo Herrera para orar por él. Recuerdo que desde la tarima podía ver a Alfredo y casi no creía lo que mis ojos veían, porque el gordito apenas pesaba unas 95 libras. Muchos hermanos pasaron orando por él, que estaba sentado en la zona reservada a los enfermos más graves. A los quince días me visitó en mi casa, y como una primera señal de la sanidad del Señor, ya no le dolían las piernas, pero seguía sin apetito. Tuvimos una conversación donde lo animé a seguir esperando en el Señor con confianza y lo invité a llegar a nuestras asambleas sectoriales para continuar orando por él, lo que hizo un par de veces.

Lo asombroso fue que a medida que pasaban los días iba mejorando de salud, dejó su lecho de enfermo, luego dejó el bastón, dejó sus temores y angustias y volvió al taller, recuperó el apetito y comenzó a ganar peso nuevamente.

Hoy en día pesa otra vez como 180 libras, camina y hasta corre, trabaja al frente de su taller y el azúcar lo mantiene normal después de 9 meses de que su médico le suspendió las pastillas que tomaba a diario.

En un momento, se había corrido por muerto en Diriamba, y me cuenta Alfredo que una señora llegó un día al taller diciéndole a él: "Pobrecito el señor que era dueño de este taller, dicen que lo enterraron en Nandaime"... Y cuando él se identificó, la señora ¡no lo reconocía!

En otro lugar cuando llegó a pagar una cuenta pendiente, al decir que era a nombre de Alfredo Herrera le contestó el dependiente: "Esa cuenta ya está borrada, ¿no ve que ya murió el señor?", a lo que respondió él: "Pues ése soy yo y no me he muerto, y quiero ponerme al día en mis cuentas".

Al Señor sea la Gloria, la Honra y la Alabanza, hoy y por todos los siglos. ¡Amén!

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Un Charlón de película

Arnoldo Moreno

Era primera vez me asignaban dar una charla en un retiro, y yo no hallo ni qué hacer pues no soy tan leido que se diga .Y entonces, Doña Susanita (mi esposa) comienza: "¡Ay que barbaridad! ¡Andá estudiá esa charla!", y me pone sofocado. Me venía a la casa, leía y leía, pero yo con sueño (mi mal es el sueño) y me dormía, y la charla medio la leía o no la leía. La cosa es que nunca me llamaron a presentar mi charla al equipo. Nos vamos al retiro a La Palmera. ¡Retirón! Había una cantidad de gente, de Granada, de Nandaime... La cosa es que yo estudié hasta donde pude la charla. A mi modo. Da el Pastor, el Hijo Pródigo, bajo un mecatazo de agua: ¡Van, van, van! Pasa el Hijo Pródigo, no llegan los curas a confesar, y aquel alboroto de gente..., y entonces me dice Bayardo: "Bueno, prepárese que va la charla, sólo vamos a comer". Le digo: "¡Pastor, no la friegue!" ¡Nó, nó!, me dice, no hay nada más que hacer. Da la charla.

¡Mamita linda! Y el sofoquín para mí. Corría para un lado, corría para el otro y le digo: "Chino, hermano, ¿cómo hago?" No fregués, me dice, tomá mi charla, andá leela. Y voy agarrando aquella charla, hermano, y me confundo más. No hallaba ni qué hacer con aquella charla y me voy donde el Masaya músico (Rafael Solórzano) y le digo: "Mirá hermano, yo no le entiendo a esto, ¿cómo hago?" Y ¿cuál es la que tenés vos?, me preguntó. Ésta, le digo. No, me dice, esa no es. La cosa es que es un enredo, pero que no hallaba ni qué hacer. Y le digo: "Bueno, voy al cuarto de oración". Y ya casi me tocaba. Faltaban como 10 minutos para la charla. Y me voy al cuarto de oración y les digo: "¡Hermanos, yo necesito que ustedes me ayuden; voy a dar una charla!".

Bueno pues, ¡ban, ban, ban!, me imponen las manos y ya salgo a dar mi charla. Supuestamente mi gran charlón. ¡Ay mamita linda! si cuando me acuerdo se me ponen los pelos grifos. La cosa es que ya entro, y en aquellos tiempos una de las grandes cualidades de los retiros es que los hermanos siempre le imponían las manos a uno. Para que uno tuviera valor. Pero qué va, si yo parecía aquellas..., la quijada me hacía, ¡cla, cla, cla!... No podía ni hacerle entrada.

Me tiro las primeras palabras y me salto el cuento de Don Sevendero Paecha, porque me dice el Chino, (el Chino fue el que me encabó), no digás tal y tal cosa, vos pasás. Bueno pues, ni modo. Pero en ese momento, yo voy agarrando como fortaleza. El Señor me estaba ungiendo y empiezo, ¡bararambambam! Como había tanto calor me quito los anteojos y mi pastor que era Memo Jarquín, furioso, porque, cómo es posible dice, ¡quitarse los anteojos!, pero es que no miraba bien del puro nervio. La cosa es que yo me vuelo la charla y les digo: "Bueno señores, gracias a Dios he terminado, y esto que es mi primera charla y ya me la volé". Y aplaudo yo, y todo el mundo comienza a aplaudir. Ahí nomás una señora dió un testimonio, que qué barbaridad, que charla más linda y que no sé cuanto.

Cuando me acuerdo me emociono, de los apuros y de alegría. Y aquella gente: ¡Ve! --dice-- Yo le veía a ese hermano una aureolita, que bajaba sobre él. Yo dije: El Señor habló, yo no hablé. Porque fijate cómo estaría yo. Gracias a Dios, hubo un charlón. La gente alegrísima. ¡Bueno pues, bendito sea el Señor!

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Alegría en la enfermedad

Maribel Gadea

Quiero compartir de el tiempo en que la Carla María se me gravó. El amor que me prestaron todos los hermanos de la Comunidad sin excepción. Fue donde yo vi el amor de Dios a través de ellos, porque en medio del dolor que sentíamos, sentimos una gran fortaleza.

Cuando se dieron cuenta de la enfermedad de ella, el primero que vino fue David Pereyra a decirme: "Hermana, ¿en qué te puedo servir? Decime, ¿qué necesitás?" Le dije que necesitaba una silla de ruedas, que necesitaba una cama de posición, e inmediatamente, no se hicieron esperar. Yo tenía todo. Era la época de los sandinistas, cuando no se encontraba absolutamente nada, era una escasez de todo, de alimentos, de medicamentos y sin embargo a nosotros no nos hizo falta absolutamente nada, todo lo tuvimos. Medicamentos para el dolor, hasta me sobraron. Fue increíble. Después hasta se los regalé al hospital porque me sobraron gran cantidad.

El servicio de los hermanos. Hermes Velázquez venía diario a su hora de almuerzo a dejarnos el tanque de oxígeno. Era increíble ver con qué amor y con qué devoción venía todos los días a dejarnos ese tanque de oxígeno. Otro hermano, prestaba la camioneta para acarrear el tanque, otros hermanos nos hacían las compras del mercado, había una persona encargada de recibir las llamadas telefónicas para que nosotros no estuviéramos recibiendo todo el día llamadas, porque todo el mundo estaba pendiente del estado de la niña.

En ese entonces todas las adolescentes que ahora son jóvenes, ¡cuánto amor le dieron a la niña! Le hicieron su enfermedad llevadera, porque venían - esto me emociona tanto- porque, ¡cómo se portaron las adolescentes en ese entonces! Venían con sus guitarras a cantarle, a platicarle, a contarle chiles, era increíble ese estar pendiente de ella en todo momento para hacerla feliz.

Me acuerdo que le hicieron una fiesta aquí en la casa. Vino primero un grupo de ellas a decorar la casa, trajeron bocadillos, y fue una noche inolvidable para ella. Me decía: "Mamá, es la noche más feliz que he pasado en mi vida", a pesar de la enfermedad. Ella se sentía la niña más feliz y todas estuvieron en una bailadera alegrísima. No se querían ir, aunque solo tenían permiso de los papás hasta las 10 de la noche para no cansarla mucho. Pero ella se sentía tan feliz que la fiesta se extendió hasta las 12 de la noche.

En fin, es que cada detalle. Vivían llamándola por teléfono, la Blanquita Tapia, la Margarita Flores, las Murillos, bueno en fin, todas las muchachas de esa época, que eran adolescentes. Todo esto nosotros experimentamos que era definitivamente el amor del Señor a través de cada uno de estos detalles, y eso, pues me ha hecho a mí sentirme tan comprometida con el Señor para con mis hermanos, de ser de la misma manera. Y por eso es que nació en nosotros un amor tan especial a cada miembro de la comunidad, porque como que se sembró una semilla en nosotros de ese amor hacia cada miembro de la comunidad. Por eso es que para mí la comunidad es todo. Es mi familia, es todo porque ahí es donde yo he visto al Señor en todo momento.

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¡Vade Retro!

Guillermo Martínez A.

Billy tenía entonces como 3 años y medio, pero llegó a la comunidad cuando iba a cumplir un año. El no conoce otra vida que no sea de la comunidad y vino absorbiendo todo lo que allí se decía. Recuerdo que era un espectáculo oírlo cantar porque era tartamudo, pero se sabe todas las canciones que cantamos. Un día estábamos aquí un grupo de hermanos y él estaba de necio, al extremo que la Yola le iba a pegar. Y él se le corre y me meto yo y le digo: "No importa que estén los hermanos, ahora te pego". Pero yo estaba tan molesto, que me saqué la faja. Se me corre y entonces me molesté más y lo arrinconé. Y le grito: "No te movás, que ahora te pego".

Todos los hermanos me estaban viendo, porque la casa es bien chiquita. Y cuando yo le iba a pegar, el chavalo bandido me señala con el dedito y me dice: "¡En el Nombre de Cristo Jesús, detente Satanás!" Yo estaba tratando de no reírme, ponerme lo más serio que pudiera y hago el ademán que le voy a pegar y entonces me repite: "Te reprendo en el Nombre Sagrado de Cristo Jesús"..., y era tartamudo. Iba a cumplir 4 años, pero ya tenía miles de mañas. La cosa es que yo no le pegué, traté de mantenerme serio, pero oía la risa de todos los hermanos. Bueno pues, le digo: Está bien, te voy a perdonar. Pero mentira, el chavalo había exorcizado mi mal humor. Y todos me decían: ¡Te paró mano, te paró!

Esta otra, es también de Billy. Ya estaba más grandecito, y fuimos a unas vacaciones. Íbamos Bayardo (mi hermano) y mi papá. Y yo me llevé a Christian y a Billy. Él tenía como 4 ½ años, y estuvimos 7 días en la isla de Zapatera. Nos levantábamos a pescar, pero como a las 3 de la tarde Bayardo siempre inventaba rezar el rosario. Para no dormirnos por el calor, interrumpíamos la oración y leíamos textos de la Biblia, y escuchábamos luego lo que el Señor nos decía entre misterio y misterio.

Como el tercero o cuarto día, Billy estaba junto a mí, y de pronto dice: El Señor me dio una lectura. No iba ni a la escuela, menos que supiera leer. Esperáte hijo le dije yo, dejá hablar al otro. No, dice Bayardo, dejálo que el Señor sabe hablar también por medio de los niños. Sí, dice Billy, voy hacer mi lectura, y agarró una Biblia y él no sabe ni leer. Le dice Bayardo: A ver, amor, ¿qué lectura te dio el Señor?... El Señor dice que lea Juan 100. ¡Sólo en tu Biblia está eso!, le dije. Porque nos agarró risa mientras él, muy serio, leía la Biblia según la figura que miraba. Dijo un montón de cosas y todos nos reímos, pero el Rosario se acabó.

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Jesús trasciende Fronteras

Alejandro Palacios Herdocia

En Octubre de 1995 fui trasladado por razones de trabajo a la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Llevaba una identidad muy importante: soy miembro de la Ciudad de Dios de Nicaragua o sea hermano en Cristo Jesús de los miembros de Jesús es el Señor.

Esto me permitió de inmediato la vía para integrarme a la Comunidad de ese país. Viví tiempos muy hermosos en cuanto a lo que significa ser hermano en Jesucristo de personas que nunca antes había conocido, pero que me abrieron las puertas de sus casas para invitarme a comer y compartir con sus familias su techo y su afecto.

Tres meses después llegaron mi esposa y mis hijos. Para entonces había pedido a los miembros de la Comunidad que me ayudasen a recibirlos, pues llegarían con mucho equipaje y eran cinco personas. Ese día habían cinco carros disponibles para recibir a la familia. Y no sólo eso, los días posteriores tuvimos un guía permanente en nuestras compras y acomodo y entre todos los miembros de la comunidad aportaron el mobiliario indispensable para que nos instalásemos en una casa mientras nuestro menaje llegaba.

El Señor permitió que durante dos años disfrutáramos de la hospitalidad de los hermanos de Guayaquil. También en Quito y Cuenca fuimos recibidos en varios hogares con mucho amor. Para Dios no hay fronteras. Parte de nuestra cultura es la hospitalidad con los hermanos.

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Haréis las mismas cosas que Yo

Bayardo Martínez

Estábamos en la Casa de Retiros de la Ciudad de Dios, en el Crucero. El Señor nos estaba regalando un Retiro de Oración, para el 5to. año del Colegio Madre del Divino Pastor, de Diriamba y yo estaba rectoreando el retiro. Eran más o menos 34 a 40 alumnos con ciertas profesoras invitadas de hábitos religiosos, pues eran monjas que pertenecían a este Colegio.

Era un Octubre del ‘88, en que parecía que las compuertas del cielo se hubieran abierto a plenitud para cumplir con su misión: La de empapar la tierra, para que toda planta nazca, se desarrolle y dé su fruto. Ya llevábamos dos días y medio de estar enclaustrados, sin salir del todo, debido a que no dejaba de llover. Sentí como que se nos iba a echar a perder cierta parte del retiro. Dejé transcurrir cierto tiempo entre cantos, alabanzas, mensajes y ternuras del Señor, y tuve la certeza que si todos nosotros le pedíamos al Señor de corazón y le ordenábamos a la naturaleza, que parara de llover, Él haría cesar la lluvia y nos permitiría ir a contemplar lo que tanto estábamos deseando: ir a las Colinas del Señor, lugar muy especial para la oración y la contemplación, que era parte de la programación del retiro.

Y así lo hicimos, le alabamos, le glorificamos, le cantamos, le bailamos y principalmente le rogamos y ordenamos en el Nombre de Jesús el Señor, que parara la lluvia, para que nosotros sus hijos pudiéramos orar contemplando las maravillas que él creó para la recreación y la felicidad del hombre. Como una hora más tarde, después de haberle pedido mucho y aún lloviendo muy fuerte, nos dispusimos en un acto de fe a salir bajo la lluvia. Y recuerdo bien, que les recomendé que no llevaran sombrilla, ni capote, solamente una chaqueta o sweater por el viento, y así también lo hicimos.

Para sorpresa nuestra, apenas comenzamos a dar los primeros pasos fuera de casa, el agua vino amainando y a medida que avanzábamos por la carretera fue desapareciendo, hasta que lo hizo por completo hasta dejarnos un cielo despejado y con un sol radiante. Pero más radiantes de felicidad que el mismo sol estábamos nosotros, por la maravilla que el Señor había obrado por los ruegos que le hicimos y por haber utilizado su nombre con confianza, creo que estábamos completamente felices.

Las cosas del Señor no terminan hasta donde el hombre las pide, sino que él se adelanta más de lo que imaginamos y nos da más de lo que le pedimos. Él nos tenía preparado el broche de oro que acostumbra a poner a sus obras. Cuando llegamos a la entrada de las Colinas, nos dimos cuenta que la carretera estaba mojada, lógicamente por la lluvia que acababa de pasar, pero exactamente donde terminaba el pavimento y comenzaba el camino, éste estaba completamente seco y hasta con polvo, como si estuviéramos en el mismo verano.

Disfrutamos de una tarde maravillosa y de una noche estrellada, pues nos quedamos a ver cómo es que nace toda la bóveda del cielo. Maravillas del Señor. Amén.

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Cortejo y Noviazgo

Ana Clemencia Cardenal de Molina

Corría el mes de Julio del año ‘87. Yo quedé viuda, y estando en la ceremonia religiosa del sepelio en la Catedral de León, al salir de ella José Ramón se dirige a un grupo de amigos y les comenta: ¡Qué guapa quedó la viudita! Me dio un abrazo de condolencia y se retiró del lugar. Pasado un tiempo fui invitada a un Retiro de Conversión, en donde Dios dio inicio a su obra en esta sierva suya. José Ramón cuando supo de este Retiro oró por mí y se mostró gozoso.

Al integrarse a las actividades de la Vida Comunitaria, José Ramón buscó los medios para entablar una relación de amistad, pero yo le ponía "cara de pocos amigos". En un Día del Señor, él fue invitado por Roberto y Margarita Cardenal, haciéndome saber que era un muchacho de buenas costumbres y que no sería mal aceptar su amistad y, por qué no: ¡un buen marido!

¡Para que más! Me enojé mucho. Lo vi con unos ojos que decían más que mil palabras. Eso le hizo "Click" a José Ramón y se dijo: Tiene temple y carácter, me gusta toda ella. Yo me dije: ¡Qué acelere de hombre!

Cuando en las asambleas él buscaba como sentarse junto a mí, me le corría a otra silla, pero Dios tenía ya sus cupidos. Mi hermana Carolina, se encargaba de poner su Biblia junto a la silla del pretendiente y no me quedaba más remedio que sentarme junto a él.

El compartió con su Responsable Pastoral acerca de su interés en cortejarme, pero la respuesta fue: "Esperate un tiempo que no tiene ni seis meses de viuda". Ahí entró el cuido pastoral, la protección entre los hermanos, y así no se deterioró la relación. Fue un tiempo muy especial, ya que a ambos se nos dio el seguimiento apropiado.

En ese interín, comencé a ver a mi pretendiente con "otros ojos" y a aceptar más su amistad.

El Responsable de José Ramón le pidió que conociera a otras hermanas de la comunidad con la finalidad de ver si no era esto una "llamarada de petate" y le pidió que le escribiera, de 1 a 5, los nombres de las mujeres solteras que más le atraían de la comunidad, y la cualidades que más deseaba en una mujer ideal. Y estas eran sus cualidades: de buen temple, de carácter, con iniciativa, que sea de mi tamaño, no fume, no ronque, que hable otro idioma, sepa cocinar, ojos claros,... ni corto ni perezoso siempre me puso de primera, porque en su corazón ya privaba estos sentimientos.

Este cortejo duró 2 años, el que se vio interrumpido cuando a José Ramón le diagnosticaron cáncer gangliomar y es ahí donde su prometida mostró su temple y confianza en el Señor, en saber esperar para cumplir la voluntad de Dios. Después de la prueba que el Señor dispuso, se casaron un 3 de Marzo del ‘90 en una boda como él así lo había soñado.

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Versión del Esposo

José Ramón Molina

Estando ya comprometidos, habíamos planeado una boda con más de 300 invitados y una fiesta a todo meter, pero no era lo que Dios había pensado y vaya que sí. En Febrero del ‘89, me diagnosticaron cáncer y las esperanzas de vida eran muy reservadas. Mi testimonio se encuentra en el primer libro de las Florecillas.

Aún así, Ana Clemencia dijo: Yo te espero amor, confiemos en el Señor. Los planes de una boda a todo meter se esfumaron por completo.

De regreso a los tratamientos y chequeos médicos, comprendimos que Dios tenía un plan para nosotros, por lo que decidimos que era mejor hacer la ceremonia de los esponsales privadamente con nuestras familias, en agradecimiento al Señor, sin fiesta.

En Marzo fue nuestra boda. El oficiante sería el Obispo Leopoldo Brenes, y nuestras familias. ¿Qué pasó entonces? Nuestros grupos pastorales con el amor y cariño que nos tenían, corrieron la voz de nuestra boda a celebrarse en la Iglesia de San Agustín, pero el Obispo no la pudo efectuar por compromisos de última hora y el celebrante fue ni más ni menos que nuestro querido Padre Guillermo Martínez. Un hombre sencillo y humilde.

La Iglesia se llenó de bote en bote a más no caber. Ahí estaban amigos de ambas familias, hermanos de la comunidad, y parroquianos que terminaron de colmar la iglesia. La boda fue de lujo en la fe, nuestras familias presentes y en comunión con los hermanos. Se había pedido a los familiares no darnos obsequios y que sólo nos acompañaran a la misa. Pero los asistentes llevaron regalos para montar una casa completa.

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Orando con Jesús

Carlos Mántica

Estando un día en oración vi dos luces flotando frente a mí, y que se acercaban la una a la otra. De algún modo supe que eran mi espíritu y el Espíritu de Dios. Un momento después las luces se juntaron y al juntarse hubo como una explosión de luz que sustituyó la visión anterior con la de el rostro de una persona desconocida cuyos problemas sin embargo conocí al instante, a la par que sentía por ella una infinita compasión.

Al rostro anterior siguieron muchos más y me di cuenta que el Señor me estaba permitiendo unirme a él para interceder por sus problemas y me permitía sentir lo que Él sentía por aquella persona. Fue así como supe del amor increíble que siente Dios por cada uno de nosotros.

No queriendo desaprovechar la oportunidad que se me presentaba, al unirme a la intercesión del Hijo a través del Espíritu Santo, oración que el Padre no puede rechazar, traté entonces de meter en el paquete mis propias intenciones y hasta algunos familiares y amigos. Fue imposible, y me ha parecido comprender que el pedirle a Jesús que interceda conforme a nuestra agenda no funciona. Él ciertamente intercede por nosotros, pero desde su propia agenda y nuestra postura debe de ser el unirnos entonces a él. Hágase Señor tu voluntad (Amén).

Algún tiempo más tarde tuve la ocasión de experimentar también el amor de Jesús por Ileana, quien fue la primera de nuestras hermanas en irse al cielo. Por eso la juzgué bienaventurada, y por primera vez le tuve envidia a un muerto.

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Predicando en el desierto

Bayardo Reyes

Cuando me mude a Diriamba, para atender los Sectores de Carazo y Masaya, me puse a la orden del párroco, el Padre Peña, y él no nos recibió con mucho agrado, pero nos dijo: Si quieren servir aquí en la parroquia, por favor vayan y trabajen en el campo evangelizando. Le dijimos: Si padre, con mucho gusto. Hay un lugar donde se han metido los protestantes fuertemente y donde ya ni siquiera me permiten llegar a celebrar misa ahí, porque ya casi nadie llega y hay un acoso de los protestantes, continuó explicando el Padre. El lugar se llama La Trinidad, al lado de los balnearios de La Boquita y Casares.

Formé un equipo y nos fuimos a dar el Retiro de Convivencia Cristiana. Comenzamos a hacer las invitaciones y había un delegado de la Palabra que el padre me había dicho lo invitara. El Viernes en la noche empezamos el retiro y cuál es nuestra sorpresa, que a la hora de dar la primera charla, sólo está el equipo y el delegado de la palabra. No había nadie más.

Digo: Hombre Señor ¿qué querés que haga? Me fui a los pies del Sagrario y simplemente sentí que el Señor me decía con mucha fuerza que inciara el retiro.

Y así fue. Comencé a dar la charla preliminar hablándole al equipo (como si estuviera llena la Iglesia) con todas las fuerzas. Las dos charlas siguientes las dieron otros hermanos. La verdad es que el siguiente día por la mañana, cuál es nuestra sorpresa que tenemos 15 personas de ahí del barrio. Seguimos con el retiro, igualito, dándolo como si la Iglesia estuviera llena. Por la tarde ya teníamos más o menos unas 40 personas en el retiro. El Domingo, a la hora de la imposición de manos, teníamos alrededor de unas 60 ó 65 personas. La iglesita estaba llena. Vino la imposición de manos y una vez más las maravillas que hizo el Señor y la conversión de la gente.

Quería compartir que el Señor no solamente me envió, no me dijo solamente iniciá el retiro, sino que me dio la fuerza y el poder. Para mí yo estaba predicando a una Iglesia llena de personas. Y los frutos fueron extraordinarios. Fue un acto de fe y dio muchos frutos. Los miembros del equipo fuimos los que salimos mas fortalecidos, porque nos parecía mentira todo aquello que había sucedido.

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Con más clavos que una ferretería

Benjamín Tapia N.

Hace unos 4 años me encontraba en total ruina al "quebrar" un próspero negocio de venta de bicicletas que tenía. Con nuestra casa hipotecada y a punto de perderla; con varias tarjetas de crédito con los saldos vencidos, con citas perentorias de abogados, con deudas en dólares a prestamistas y debiéndoles a varios hermanos grandes sumas por mercaderías a crédito, pasaba las noches sin dormir y pensando lo peor.

En tales circunstancias, luego de exponer mi caso pastoralmente, mi hermano Chale me propuso una salida: que me fuera a vivir en una de sus casas y que alquilara la mía para que con ese dinero ir saliendo de la hipoteca más aguda. También me ofreció un trabajo en los Supermercados que me hiciera cargo de la entrega de frutas y verduras. Habló en mi favor cuando los abogados de las tarjetas de crédito ejercían su presión. Y por último, me dio el dinero necesario para la compra de productos que en los Supermercados él mismo habría de adquirir.

Quizás el caso parezca algo común, viniendo de un hermano como él, acostumbrado a socorrer a cuantos de le acercan en busca de su ayuda. Pero lo que hace que este caso sea para mí especial es que Chale me brindó su apoyo a pesar de estar consciente de que todo mi problema era a causa de mi irresponsabilidad, de mi pecado y de todo lo que en mí desencadenaba mi pasado alcoholismo. El sabía todo eso y sin embargo me brindó su apoyo, sin importarle que yo fuera a malgastar su dinero y su confianza. Aún sin importarle el deterioro del prestigio de su negocio al emplear a alguien como yo. Una bomba de tiempo alcohólica. A pesar de ser como yo era, él siguió manifestando con hechos que yo era su hermano y me quería mucho.

Hoy, 4 años después, he salido de la mayoría de mis deudas y, sobre todo y más que nada, he dejado la bebida. Hoy puedo regresar de nuevo a mi casa y en los momentos de esta entrevista me dispongo a hacerlo. Como mi casa aún sigue alquilada, me iré por un tiempo a otra casa y aquí está otro hermoso testimonio. La casa a la que iré está muy descuidada y en el patio había enormes cerros de tierra revuelta con basura que para poder limpiar era necesario gran cantidad de personas, durante varios días, usando picos y macanas. Mi hermano Dennis Miranda se dio cuenta de mi problema y me envió para limpiarlo una pala mecánica y un camión de volquete. En un sólo día todo quedó listo... ¡Y sin gastar un centavo!

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Con las hermanas

Mercedes Cuadra

o hice mi Retiro para ingresar a la comunidad en Septiembre del ‘81. Recuerdo que entré con 2 meses de embarazo de Hugo Benjamín y en Abril que yo iba a tener al niño, estuve en el Hospital Rugama. En ese tiempo mi guía era la Marylou González, y una de las cosas bien lindas que yo recuerdo al entrar a la comunidad, fue el amor que experimenté esa noche y que nunca había experimentado. Porque yo había tenido a mis otros hijos, sola, normal, tranquila, pero no había recibido el amor que encontré esa noche en ella y en otro grupo de hermanos que llegaron a estar con Hugo y a cuidarme. Yo poco los conocía, y eran: María Haydeé González, Nélida, porque tenía poco de estar en la comunidad.

Esa noche ellas se presentaron con café, repostería y estuvieron conmigo a la orilla, animándome y verdaderamente experimenté ese amor, no me sentí sola, sentí que adquirí fuerzas incluso para entrar. Tuve un parto muy bueno y al día siguiente seguí experimentando ese amor, pues me llegaron a cuidar, a visitar, a atender en todo momento, de tal manera que esa fue una de las cosas por las cuales creo que me quedé en la comunidad. En primer lugar por el amor hacia el Señor, en segundo por esa experiencia tan linda que yo sentí con ellas en esa noche que tuve a mi cuarto hijo.

Hugo Benjamín prácticamente nació dentro de la comunidad y ha sido fácil para él experimentar el amor del Señor a través del amor que siempre hemos tenido de los hermanos.

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Mi casa en llamaradas

Nora Medina

Como saben yo soy viuda, y mi última hija que se llama María Manuela, tiene el Síndrome de Dawn. Una vez en aquellos tiempos de los racionamientos de luz, (que todavía continúan) yo tenía que ir a mi grupo. Me disponía a irme, pero le digo a Noel, mi hijo, que estaba de vacaciones ya que él estudiaba en México, que saliera con María Manuela a comerse un sorbete o a dar una vuelta para que no estuvieran en lo oscuro. Me fui a mi grupo, y estando en mi grupo el Señor me dijo que me venía un prueba grande, pero que confiara en Él ya que Él siempre estaba a mi lado. Cada vez que el Señor me dice que me vienen pruebas, al poco tiempo me vienen, pues en un año quedé viuda de mi segundo matrimonio, luego vino la muerte de mi mamá y luego la muerte de mi hijo. Yo me quedé pensando.

Cuando terminó mi grupo, en ese tiempo mi Responsable Pastoral era Irma Espinoza, la pasé dejando por su casa. Yo voy cantando en mi carro. Cuando voy desembocando a mi casa, cuál es mi susto que encuentro mi casa en llamaradas, pero yo no pienso en nada más que en mi hija. Me quiero meter, pero una amiga de mi hija Mara, vecina de mi casa, me dice que me calme, que la niña está en su casa. Yo en ningún momento me preocupé por las cosas materiales.

Al momento del incendio llegaron mis hermanas de grupo y varios hermanos de la comunidad, y mis vecinos. Se portaron a la altura. Cuando el fuego fue apagado, me permitieron entrar a mi casa. Todo mi trabajo, todo mi sacrificio se había terminado en un momento. Yo he sido una mujer bien trabajadora, bien esforzada.

Mi hija María Isabel llegó a traerme para llevarme a su casa. Ella me animaba, me consolaba, pero yo tenía una paz increíble, una paz que sólo viene del Señor. Al día siguiente, varios hermanos me llevaron desde cepillo de dientes. Todo lo necesario. Luego más tarde llegó una hermana con una máquina de coser. Llegué a tener más ropa que la que nunca antes había tenido y, lo que son las cosas del Señor, nunca le "metí" a la ropa que me llevaron, sino que todas resultaron como hechas a mi medida. Yo ansiaba el día siguiente para poder ponerme mi ropa nueva. Nos vistieron a todos. Una vecina me prestó su garaje para que pusiera ahí de nuevo mi taller. Yo siempre he hecho cortinas. En tiempos de Somoza, también en tiempo de los sandinistas, vestí a toda Nicaragua de bramante. Igual en el Gobierno de Doña Violeta, y en este Gobierno también.

Estuve solamente 1 semana sin trabajar. A la semana tenía de nuevo mi taller, con todo prestado. Una hermana mía de Cursillos me regaló para comprar una máquina, y así fui teniendo lo necesario para echar a andar mi taller.

Mis hermanos Coordinadores me preguntaron qué era lo que más necesitaba, a lo que yo les respondí que necesitaba un avalúo para ver si podía reconstruir mi casa para poner mi taller. Ellos me contestaron que sí. Reunieron a todos los ingenieros de la comunidad, y a mis hermanos de Compromiso Completo, y se fijó una cantidad de dinero para la reconstrucción de mi casa. Los que no podían darla de un sólo golpe, la podían dar en abonos. Al poco tiempo comenzaron a construir mi casa. Ahora es la casa más linda, llena del amor de mis hermanos, y llena de la misericordia del Señor.

Como saben, mi casa de Las Colinas y la del Planetario no me las han devuelto, pero lo material es lo menos importante. Con sólo sentir el apoyo de mis hermanos, estoy más que suficientemente cuidada, primero por el Señor y luego por mis hermanos de Comunidad.

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"¿Qué era lo que le estábamos pidiendo al Señor  hoy en la mañana, aquí en la acera?"

Bayardo Reyes A.

Cuando andaba en la venta de seguros, salgo un día de la casa después de haber orado a las 6 de la mañana, y cuando voy por la calle me dice el Señor: Quiero que vayás donde fulano y le llevés C$100.00. Pero Señor, le digo yo, ¿y cómo voy a ir a dejarle C$100.00 sin más ni más? Yo se que él trabaja y que es un hombre trabajador y luchador, y no sé por qué voy a llevarle C$100.00. La verdad es que me dice el Señor: Yo quiero que vayás y le llevés C$100.00, Bueno, dije yo, voy para allá. Pero le digo: Te voy a pedir una señal, Señor. Si él está en su casa, es señal que vos querés que le dé los C$100.00, si no, no le dejo los cien.

Por supuesto, Fulano era un hombre que salía a las 7 de la mañana para su trabajo, y yo pensé: no va a estar en la casa, porque ya eran como las 9 ½ de la mañana. Cuando llego a su casa cual es mi sorpresa que lo veo en la acera con la esposa. Después de saludarlos la señora entró a la casa para traerme un vaso de agua que le había pedido. Y le digo entonces: Hermano, quiero decirte una cosa, fijate que en oración el Señor me mandó a que te viniera a dejar estos C$100.00. Comienza a llorar el hombre y grita: ¡Fulana vení ve, vení ve! ¿Qué era lo que le estábamos pidiendo al Señor hoy en la mañana, aquí en la acera? ¿Qué le estábamos pidiendo? Pues es que estamos mal económicamente, contestó ella, y estábamos necesitando C$100.00 para "equis" cosa. Pues los está mandando con Bayardo, le dijo él. Y comienza a llorar aquella gente, pero gozosamente, al ver que el Señor les había respondido su petición.

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Con un nombre nuevo

Carlos Mántica A.

Cuando el Señor se encontró con Simón Bar Johna lo primero que hizo fue darle un nombre nuevo ("Te llamarás Pedro"), indicándole de este modo que tenía autoridad total sobre él. Desde hace algunos años el Señor ha venido haciendo lo mismo con muchos de nosotros, dándonos a cada uno una nueva identidad. Cuando nos acercamos a él desde esa identidad ocurren cosas maravillosas. El vernos a nosotros mismos como él nos ve, es algo muy importante y cuando aceptamos ser aquello que él nos dice que somos, se nos abre un nuevo mundo de intimidad con él.

Yo fui bautizado en el Espíritu Santo en 1973 sin tener la más mínima enseñanza sobre lo que podía suceder, y recuerdo que una de las primeras cosas que me sucedieron es que empecé espontáneamente a orar con las manos juntas, como santito de Iglesia. No hubiera tenido nada raro si no fuera porque el ver orar a alguien de esa manera era algo que me caía entonces como una patada en la boca del estómago, y hubiera preferido cualquier cosa a tener que orar de esa manera.

Mi nuevo estilo de orar me llamó la atención, pero no le busqué explicación. Pasaron algunos meses antes de que descubriera en alguna parte que las manos juntas así no eran signo de devoción o beatería, sino la postura y el saludo de los esclavos ante sus amos. El Señor quería que me presentara ante El como su esclavo.

Fue entonces cuando el Señor me empezó a llamar a dejarlo todo y seguirlo. Fue también en esa época cuando, después de una visión, aceptó mi oferta de seguirlo aunque fuera amarrado. Ahora en mi oración tendía a orar con las muñecas juntas, como quien está maniatado, y fue entonces cuando me comenzó a enseñar lo que significa ser discípulo suyo y cual es el costo del discípulado.

No solo me muestra como me ve Él y me indica con qué identidad quiere que me presente ante Él, sino que quiere que sea su esclavo, me enseña que significa ser su esclavo... y luego me HACE su esclavo.

En cuanto dije sí, me cambia la onda. Ahora empieza a hablarme de su alianza y ya he compartido cómo en esa época no sólo no me hace caso a lo que le pido en oración, sino que incluso llega a impedirme físicamente el orar, si no lo hago en el nombre de su alianza. Pero me concede todo cuanto pido cuando lo hago en el nombre de su alianza.

Entonces me empieza a enseñar sobre la alianza. Llego así a nuestro primer Retiro de Iniciación y, quien sabe cómo o por qué, presento el llamado al discipulado como una alianza entre la nada y el infinito, entre la omnipotencia de Dios y mi pequeñez. La mejor transacción que un hombre puede hacer. Eso no aparece en ningún libro.

Pocos días después Enrique, Bayardo y yo entramos en una relación de Alianza y el Señor nos dice que Él mismo ha establecido una alianza con nosotros. Y nos la explica en las Siete Piedras.

Una vez más, no sólo me muestra cómo me ve, cómo quiere que me presente ante Él ,sino que me explica la alianza, hace una alianza con nosotros y entre nosotros, y en la oración desde esa alianza hay poder.

Pocos meses después me impacta tremendamente un párrafo de Ralph Martin en donde comparte lo mucho que le ayudó en su oración el tomar primero conciencia de su condición de hijo de Dios. Aunque mi condición de hijo de Dios por el bautismo la conocía desde muchos años atrás, en ese momento sentí por primera vez el llamado del Señor a verme como hijo suyo. A verme como él me veía. Él mismo empieza a llamarme hijo y a tratarme como hijo, y a darme lecturas que yo sé se las ha dado también a otros y que nos ruborizan por las cosas que nos dice. Y empieza entonces a explicarme todo lo que conlleva el ser hijo suyo. De ese diálogo nace la Charla de Qué Significa ser Hijo de Dios.

Cuando en mi oración me acerco a Él desde mi identidad de hijo de Dios, se repite lo mismo de antes; que en el momento mismo en que me veo a mí mismo como El me ve, entro entonces en su presencia y me quedo en contemplación. También experimento un nuevo poder y una nueva autoridad.

A lo largo de años me ha ido dando varios nombres que no comparto porque me dan pena. Uno de ellos es el que necesitaba para enfrentarme con el Demonio en la guerra espiritual. Otro el que debía usar cuando intercedía por su pueblo.

Hace un par de años me dio un nombre nuevo. Y en cada ocasión sucede lo mismo: Se niega a hablar con vos si no es bajo el nombre y la identidad que Él te da. Hay una unión plena cuando entrás en su presencia desde la condición que Él te da. Hay una enseñanza de qué significa todo aquello. Y hay poder y autoridad en verte como Él te ve, y ser aquello que Él te hace ser al pronunciar un nombre sobre vos.

Nada de eso parece ser nuevo. Es lo mismo que hizo con Abram, a quien llamó Abraham; con Jacob, a quien llamó Israel; con Simón, a quien llamó Pedro; e incluso con María, a quien estoy seguro fue el mismo Espíritu Santo quien al descender sobre ella le insinuó su identidad de Esclava del Señor. Y la respuesta de María es entonces la misma de nosotros. María se presenta ante El diciendo: "He aquí la esclava del Señor". Ha aceptado la identidad que el Señor le da. Se ha alineado con su pensamiento... y en ese momento todo es ya posible. Lo que sucedió después lo conocemos todos.

El Señor anda poniendo nombres. Nombres exóticos a veces. El Señor está actuando. Cuando he compartido estas cosas con algunos hermanos veo que se les pelan los ojos, porque aquello que les estoy diciendo ya les estaba sucediendo, aunque no entendían qué estaba pasando y no lo tomaban en serio. Es decir, no agarraban la vara. Hoy lo explico para que agarren la vara. y lo tomen en serio.

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Servicio Militar

Ricardo Espinoza

En el ‘87, fui movilizado por tercera vez en un batallón del Servicio Militar a una Escuela de Entrenamiento fuera de Managua. Era un batallón de 900 hombres, entre los cuales habíamos de todo tipo de gente, y a mí me ubicaron entre un grupo de profesionales. En esa fecha ya tenía 3 años de estar en la Ciudad de Dios y veía en cada situación la mano del Señor. El grupo en el que me ubicaron éramos unos 25 varones y nos asignaron un teniente que desde que llegamos al centro, no el caímos muy bien. Expresaba a cada momento su resentimiento social hacia todos, nos pusieron a hacer zanjas, a armar casas de campañas, trabajar en la cocina, y todo eso en la primera semana. Terminábamos bien agotados, sobretodo por el maltrato psicológico. Durante la noche, dormíamos en hamacas, vigilados por el teniente.

El sábado primero del fin de semana, durante la noche, el teniente totalmente ebrio pasó casi toda la noche amenazándonos con matarnos. Y como nadie le contestaba, más por miedo que por otra cosa, él se molestaba más e indicaba que como éramos los profesionales a él lo veíamos de menos.

Fue una larga noche de tortura y yo me encomendaba al Señor porque no estaba seguro si íbamos a amanecer. Al día siguiente era día domingo y llegaban las visitas. Llegó mi mamá y mi hermano mayor. Le conté como estaba y me animaron para que me saliera escondido, pero con la situación que imperaba en ese tiempo, era mucho más peligroso desertar. Entonces tuve que quedarme. Cuando iba de regreso a la casa de campaña, me llamaron dos oficiales y el teniente para comunicarme que habían revisado mi expediente y que habían decidido asignarme la administración de los almacenes de ropa, alimentos y lubricantes del centro. Por lo que pasé a otras condiciones, a dormir en los almacenes en una cama, y bajo la órdenes de otros oficiales.

Este momento de mi vida me enseñó que el Señor aprieta pero no ahoga y que, quien espera en él, puede ver los cambios bruscos en las personas que sólo Dios con su poder realiza.

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Ya no son dos sino uno solo

Fátima Espinoza

En Noviembre del ‘83, estuve en un retiro de conversión en La Aurora. Aquí yo me di cuenta que soy hija del Señor y que él es mi padre, a partir de aquí mi vida cambió completamente. Mis padres ya estaban en la Comunidad, pero yo a partir de ese momento acepté individualmente el compromiso de estar en la comunidad. La enseñanza y el compartir con los hermanos me ha ayudado mucho, mi amor por servir al Señor fue creciendo cada día más y le pedía que me diera discernimiento de qué manera específica quería que le sirviera. Yo tenía dos opciones: el servirle como monja, o como esposa en una familia. Le pedí a mi Señor que me iluminara con una respuesta para hacer su voluntad.

Yo le decía al Señor que si él me quería casada, me tenía que conseguir un esposo que fuera cristiano antes que nada y que conociera y le gustara todo lo hermoso que vivía yo en la comunidad. En este tiempo, por lo del Servicio Militar, casi todos los jóvenes varones habían salido fuera del país y en la comunidad quedaban sólo como 10 hombres entre los jóvenes, y nosotras éramos como 30 mujeres. Había una gran competencia.

En Junio del ‘89, en mi oración personal, el Señor me dio una lectura donde me dio a conocer lo que él tenía preparado para mí. Fue Habacuc 2:1-4, y dice: "Me ubicaré en mi torre de vigía y me pondré de pie sobre mi almena para ver si diviso su repuesta, lo que él va a contestar a mi pregunta. Porque es una visión con fecha exacta que a su debido tiempo se cumplirá y que no fallará, que se demora en llegar, espérala pues vendrá ciertamente y sin retraso".

Después me dio otra lectura, que es Mt.19:5-6, donde dice: "El hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá con su mujer. Y serán los dos uno solo, de manera que ya no son dos sino uno solo. Pues bien, lo que Dios ha unido el hombre no debe separarlo".

Yo sentí aquí que el Señor me dio la respuesta que yo esperaba. En Agosto del ‘89, Ricardo que ahora es mi esposo, se me declaró y empezamos una relación formal de noviazgo. Para mí fue un regalo y una respuesta del Señor, por lo que me dio todo lo que yo le había pedido, un hombre que fuera cristiano, y que le gustara la vida comunitaria. Ahora ya tenemos 6 años de casados y 3 bellos hijos, que han sido un regalo del Señor y que él nos había prometido dar. Y tenemos 13 años de estar en la comunidad en donde hemos aprendido mucho de su amor y servicio, y para el cual estamos trabajando hasta donde él nos da la fuerza. Amén.

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Para eso son los hermanos

Armando Soto

Recién entrado a la comunidad, corría el año ‘87, participé en un paseo a Masaya. Era en el Colegio de Don Bosco. Y en el camino, a la altura del Km.15 carretera a Masaya, se ponchó la llanta trasera de mi carro. Se acercaron Manuel Baldizón, Gustavo Argüello y en un santiamén, ellos cambiaron la llanta. Para mí aquello lo miraba como muy chistoso, que un ingeniero y un arquitecto se interesaran en ayudarme. Entrando al Colegio Don Bosco, donde era el paseo, se me apagó el carro, y habían varios hermanos que me ayudaron a empujarlo y parquearlo; además, habían muchos mecánicos y me decían que no me preocupara, que lo iban a ver, y la realidad es que lo repararon.

A través de los años que tengo de pertenecer a la comunidad, he recibido de mis hermanos mucho aprecio, mucho apoyo, tanto moral como espiritual y material. Entrado el año ‘90, empecé a tener muchas dificultades económicas, y a través de mi hermano Hermes Velázquez, que en ese entonces era mi pastor, se le daba un seguimiento especial a mi problema. Un día en el que menos lo esperaba, llegó a mi casa Wilfredo Martínez, mi Coordinador. Llegaba con ayuda económica y a apoyarnos moralmente. Eso me dio alimento por 6 meses y todo esto fue posible gracias a mi Señor que está presente en todos los momentos de mi vida, en todas mis dificultades, en todas mis angustias, en todos mis problemas.

Quiero honrar a mi Señor. Y a ustedes mis hermanos, mi amor y mi corazón. ¡Que Dios los bendiga!

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Nuestros Hijos

Roger González

Cuando ingresamos a la comunidad, nuestros hijos estaban pequeños, y tuvieron la dicha de ver nuestro cambio, y de vivir desde muy pequeños el amor de los hermanos y de disfrutar de las maravillas del Señor. Éramos pocos miembros y estábamos recibiendo mucha guía del Señor acerca de los tiempos difíciles que se nos avecinaban, pero al mismo tiempo, recibíamos su amor, su protección, su fortaleza y su fidelidad.

Un tiempo después como familia, pudimos comprobar todo lo que el Señor nos había anunciado, cuando se dio la Revolución del Gobierno Sandinista Comunista y nuestros hijos varones adolescente tuvieron que salir al exilio. Entonces los hermanos de La Espada del Espíritu abrieron su corazón y sus hogares para recibir a muchos jóvenes nicaragüenses, entre ellos nuestros 3 hijos. Estas comunidades hermanas son: Jesed (Monterrey, México), La Palabra de Dios (Ann Arbor, Michigan) y El Cordero de Jesús (Ohio). Nuestros hijos recibieron todo el amor de nuestros hermanos de esas comunidades, a quienes ellos hoy consideran su familia. Ellos cuidaron y ayudaron a terminar de formar a nuestros hijos con el mismo amor e interés que lo hicieron con sus propios hijos.

Al mismo tiempo que esto se daba en la comunidades que ya mencioné, nosotros aquí, Marylou y yo, hacíamos un compromiso de permanecer en el país fieles a la misión del Señor y a los hermanos.

Lo que quiero testimoniar con todo esto, es que gracias a la hermandad de Ciudad de Dios y a las comunidades hermanas, hoy nuestros hijos son hombres de Dios y podemos celebrar unidos este XX Aniversario. Fue un tiempo de gracia, de poder, de amor, de fidelidad y lealtad lo que experimentamos durante todo este tiempo.

Cuando veo todas las maravillas que el Señor ha hecho en mi familia, en su pueblo (y en él incluyo a toda mi familia y me incluyo yo), experimento nuevas fuerzas para continuar y un mayor compromiso con el Señor y los hermanos para estar cada día más a la orilla del Señor, y así alabarlo y glorificarlo y darle gracias como único Rey de Reyes y Señor de Señores.

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Las Mujeres del Señor

Violeta Bebout

e inicié en la Ciudad de Dios en el año ‘83. Como es lógico imaginarse, en ese momento la Comunidad era mucho más pequeña. Todos sus miembros compartían estrechamente, y se sentía la hermandad en todo sentido.

Por ese tiempo, en Nicaragua existía una gran escasez de todo, principalmente de comida. Pero en la Ciudad de Dios, ese no era el caso, ya que como hermanos en Cristo, el que tenía le facilitaba al que no tenía, o canjeaba o prestaba. Lo cierto es que nada de lo malo que acontecía a nuestro alrededor tenía mayor impacto en ninguno de nosotros.

Para los momentos difíciles, a cada familia se le había asignado una Casa Alterna (formada por una familia, siempre de la Ciudad de Dios), que ofreciera mayor seguridad. Bajo estas circunstancias, tuve la gran dicha de hospedarme varias veces en la casa de Jorge y Carmen Margarita Icaza, donde, tanto ellos como sus hijos me recibían con todo cariño y atención, al punto de no añorar mi casa.

En la Ciudad de Dios la mujeres solas (como solíamos llamarnos las que, por un motivo u otro, ya no teníamos maridos, pero que nuestro Coordinador Bayardo Reyes ahora llama "las mujeres del Señor"), formamos dos grupos haciendo un total de más o menos 16 mujeres.

Fuera de las actividades establecidas por la comunidad, hacemos viajes, como ir a dormir al mar, donde disfrutamos nuestra compañía; y en la costa alabamos al Señor al ponerse el sol, y a la salida del mismo al día siguiente.

Hemos salido de gira en un fin de semana a visitar Cuapa, lugar donde se apareció la Virgen Santísima, y nos reunimos para salir a almorzar, cambiar impresiones, platicar nuestras experiencias y demás, teniendo siempre como centro a Nuestro Señor.

Varios de los grupos de matrimonios jóvenes nos invitan a participar en sus diversas actividades de parejas, y cuando ese es el caso, somos, en todo el sentido de la palabra, sus huéspedes de honor, y pasamos felices.

Le doy gracias a Dios por haberme llamado a formar parte de esta comunidad. Desde el día en que me inicié en ella y a través de sus enseñanzas, he verificado el inmenso amor de Dios para conmigo, y su bondad infinita.

A través de oraciones diarias he aprendido a descansar en él y a confiar en su Divina voluntad, que es todo Amor y Misericordia.

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Gracias Señor por el "don de la vida"

Judith Palacios

l 18 de septiembre de 1994 hubo necesidad de someterme a una intervención quirúrgica, porque tenía un problema en la matriz y había que extirparla. La operación fue aparentemente un éxito. Salí del hospital tres días después de operada.

Transcurrieron unos días y noté que mi vientre estaba inflado de tal manera que aparentaba tener 7 meses de embarazo y mis pies estaban muy inflamados. El urólogo que me atendió ordenó hacer unos exámenes, los que revelaron que tenía una sustancia líquida alojada en la cavidad abdominal que podría ser sangre u orina y, además, estaba con anemia profunda. Fui ingresada nuevamente al hospital en estado muy delicado de salud, en medio del desconcierto de los médicos (urólogo, cirujano general e internista nefrólogo) quienes no encontraban la verdadera causa de mi situación. El nivel de Creatinina en mi sangre era de 13.3 mg/dl, la Urea de 301 mg/dl y la Hemoglobina de 6 g/dl, con una clara tendencia a empeorar.

Durante tres días fui sometida a exámenes investigativos para determinar la causa de mi estado, hasta que los médicos llegaron a la conclusión que tenía Insuficiencia Renal Aguda. Ingresé a la sala de Cuidados Intensivos para luego ser sometida a Diálisis, ya que el tiempo avanzaba y los niveles de Creatinina y urea ascendían.

Mientras esto sucedía mi esposo, mis hijos y mis hermanos de Comunidad, oraban al Señor para que me devolviera la salud, una hermana de la Comunidad y Ministro de la Eucaristía me llevaba la comunión a diario, y en diferentes iglesias de Managua se ofrecían misas por mí. Los médicos de la Comunidad estuvieron siempre solícitos para guiar a mi esposo ante las decisiones que se fueran a tomar; en fin, el apoyo comunitario y la fortaleza divina se manifestaron en mí y en Alejandro de muchas formas.

El Señor me permitió que fuera testigo en cada instante del milagro que Él haría en mí. Nunca perdí el conocimiento, cualquier persona lo pierde en estados de intoxicación mucho menores que el mío y no solamente eso, también se padece de otras lesiones irreversibles que quedan como efectos colaterales de la intoxicación, lo que no ocurrió conmigo.

El día que me iban a aplicar la diálisis, milagrosamente las concentraciones de Creatinina y Urea comenzaron a descender y desde este momento descendieron día a día hasta recuperar la función renal completamente. El milagro se consumó, el Señor escuchó nuestros ruegos, y la diálisis no fue necesaria. Mi hermano médico y urólogo me dijo: "¡Volviste a nacer!".

Hace casi tres años que volví a nacer, gracias al Poder de la Oración, gracias a mi Señor que es poderoso, fiel, y capaz de romper los esquemas de la lógica científica para aplicar su lealtad. A El el poder, la honra y la gloria por siempre.

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Gracias Señor por devolverme a mi esposa

Alejandro Palacios

Durante muchos días que sentí que transcurrieron como años, estuve consciente que Judith entregaría su alma al Señor. Miraba el inmenso aporte que ella había dado en el hogar para la educación de nuestros hijos, su amor, su comprensión, su servicio, su presencia de mujer, era todo un hermosísimo regalo que el Señor me había dado para mi felicidad.

Todos los días, antes de ir al hospital, pasaba por el Santísimo y no hacía más que reclamarle al Señor porque me quitaba a la mujer que amo entrañablemente. Le pedía caprichosamente poniendo como pretexto la edad de mis hijos, todos menores, y que estaban en la época que más necesitaban a su madre.

De pronto, en uno de esos días, salió desde lo más profundo de mí un fuerte sentimiento de resignación que no hay carne que lo produzca sino el Espíritu de Dios, y le di gracias al Señor por haber sido tan generoso conmigo al darme la calidad de mujer que me dio por esposa. En mi exclamación de agradecimiento le devolví a Judith al Señor. Experimenté una paz profunda y regresé al hospital. Encontré la noticia que ya habían realizado los exámenes de Creatinina y Urea, y los niveles habían empezado a descender. El médico había ordenado no hacer la diálisis programada para ese día. El Señor nos había hecho el milagro de devolver la salud a Judith. A El la honra y la gloria por su poder y lealtad, por los siglos de los siglos. ¡Amén!

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En una Asamblea Evangelística

Hermes Velázquez

Nos encontramos en el Polideportivo "La Salle" en una tarde sabatina muy hermosa para celebrar una Asamblea Evangelística, donde nos hemos reunido no solamente los hermanos de la Ciudad de Dios, sino también hermanos de todas las Comunidades Parroquiales de Managua. El lugar está lleno por sus cuatro costados y, después de una grande y fuerte oración de alabanza, se llega el momento de las Palabras de Conocimiento y de la oración por los enfermos.

Entre los enfermos se encuentra una joven entre unos 18 a 20 años y, como es costumbre en mi familia, invito a mi esposa a que me acompañe a orar por esa joven. Ella nos indica que su problema es en área comprendida entre su rodilla y el pie derecho que se le ha arqueado y le impide caminar normalmente.

Iniciamos la oración y en su transcurso noto que sus huesos están traqueando, como se escucha durante el verano la madera que forma parte de las estructuras de las casas, y me percato que el Señor está haciendo su obra. La joven ha sido sanada. Inmediatamente tengo el sentir que el Señor me dice: "Lo que está ocurriendo en este momento es obra únicamente mía y de nadie más". Yo entiendo que nuestra participación es únicamente la oportunidad que él nos dio de estar allí en el instante preciso para ser utilizados por nuestro Dios.

Por tal razón le doy infinitas gracias al Altísimo, al Eterno, por habernos utilizado como el canal por donde condujo el poder sanador de su gracia, y favorecer a esta joven a quien sanó de su enfermedad.

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El milagro de mi vida

Alvaro García

Resulta difícil todavía hoy para mí asimilar el maravilloso milagro que el Señor ha hecho en mi vida. Un día desperté siendo parte de un hermoso pueblo apartado y escogido por él para ser parte de su obra aquí en la tierra. Me mostró su amor infinito, no me preguntó por mi pasado sino todo lo contrario, me recibió diciéndome cómo se alegraba de que volviera a casa.

Inicié mi vida en este pueblo en la Semana Santa de 1991. He visto mi familia crecer, he visto a mis hijos crecer al amparo del Señor, vivirlo, experimentarlo, he visto el amor del Señor en mi esposa. Con toda sinceridad, cuando alguien me pregunta cómo estoy, respondo sin duda alguna: ¡Muy bien!, porque tengo una nueva vida, tengo dueño y soy querido.

He aprendido la lección del amor divino que me transformó al cruzarse en mi camino y que dio a mi vida entera otro sentido, otra meta y otro fin. Yo no sé qué me depara el futuro, pero sé que él siempre estará ahí. Sé que él me ama y esa es la piedra que cimienta mi vida.

En mi familia el Señor reina, queremos todos caminar a su lado, no entendemos ya la vida de otra manera, lo vemos y sentimos caminando a nuestro lado. Muchas veces hemos caído de bruces, pero siempre su mano nos ha rescatado, sabemos que no es por nuestra fuerza sino por su amor y misericordia, y somos conscientes que sólo por su gracia estamos aquí. Una petición hago siempre al Señor: estar a su lado y en su presencia toda mi vida.

Esta florecilla no narra un milagro espectacular, pero sí miles de milagros que se realizan cada día en mi familia.

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Mi Primera Asamblea

Bayardo Martínez

Fue por los años ‘80, cuando fui invitado a una asamblea para conocer la Ciudad de Dios. Acababa de participar en un Cursillo de Cristiandad, el Nº 46, y mi corazón estaba encendido por el amor al Señor Jesús; cualquier cosa que tuviera olor a Dios, significaba estremecimiento en el amor por él y en él, pues estaba arrebatado por su amor.

Una noche de esas que Dios sabe regalarle a quien Él ama, asistí por primera vez a una asamblea, que para mí fue estar en una dimensión fuera de este mundo, una dimensión llena de amor, donde no existía la violencia, ni la envidia, solamente el amor; y aunque no miraba a Dios, tenía la seguridad que él estaba ahí con nosotros, en medio de nosotros y mirándonos con mucho amor y con especial ternura. Eso más o menos fue lo que sentí, de primas a primeras. Como quien dice, en solo la entrada.

El me hizo sentir que estaba en un mundo diferente, me hizo saber que yo estaba en su mundo, un lugar que no se parece en nada a éste que habitamos. Luego, en el transcurso de la asamblea, tuve la oportunidad de ver su desarrollo y me di cuenta de varias cosas que llenaron una búsqueda que desde hacía mucho tiempo andaba tras ella y que ahí encontré, y fueron las siguientes:

Fue la madurez cristiana reflejada en sus dirigentes, la que me dio el sentido de aceptación, pues se me estaba mostrando y confirmando, de alguna manera, este tipo de comportamiento cristiano.

Yo sentí una hermandad en el ambiente, que me daba la impresión de conocer a todos y a cada uno de los que estaban participando de aquella asamblea de amor, sin haberlos visto nunca antes. Y aún algo mejor, sentí que todos me conocían y que yo era parte o familiar de ellos.

La tercera cosa que más me impresionó, fue aquello que un Dios todopoderoso tuviera el descarado amor de comunicarse con nosotros en estos tiempos tan mundanos. Lo hizo a través de profecías, mensajes y exhortaciones, todas llenas de amor. Esto para mí fue impactante y no tuve ni la menor duda que yo pertenecía a ese lugar, a ese movimiento y a esa búsqueda que con una muy sabia intuición aquellos dirigentes seguían con tal de conseguir aquel objetivo, y parecía que no les importaba si era en esta vida o en la próxima.

Se les miraba seguridad en lo que querían y hacían, había una tremenda fe en Alguien que no les podía fallar. Una absoluta confianza en Aquel que les había prometido "algo" y que no podía mentirles de manera alguna.

Este fue el comienzo de mis 16 años de Vida Comunitaria en la que, por la gracia del Señor, persevero aún con mis defectos y deslealtades. Y Él sigue siendo fiel y desde su eternidad puede ver de qué barro estoy hecho; y así, sigue sobreabundando su gracia para conmigo porque es su promesa y porque él no puede desmentirse a sí mismo. Amén.

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Viernes Santo

Doña Inesita Rocha

l 7 de Julio de 1984, Cristo Jesús me llamó para que formara parte de su rebaño. En mi retiro de conversión en La Palmera, sentí una alegría inmensa al conocer al Señor más de cerca, sentí su amor, su fidelidad y un gran gozo al saber que yo soy su hija predilecta; mi fe, amor y fidelidad hacia él se han ido profundizando cada día más.

Yo padecía de una migraña y para mientras me llevaban al hospital tomaba un calmante. Pero un Viernes Santo sufría de dolores muy fuertes y me arrodillé y le dije al Señor Jesús: "Tú eres el mejor doctor, especialista en todas las enfermedades, y sé que me vas a curar". Al momento el dolor desapareció; mi sanación fue para siempre.

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Un hermano separado

Diógenes Rocha

los 2 meses de haber conocido a la que hoy es mi esposa, contraje matrimonio; en ese tiempo creía que lo hacía solamente por el gran amor que ella despertó en mí, pero ahora sé que el Señor es un Dios amoroso, y estoy seguro que el principal motivo es el llamado que él me hizo para que me incorporara a su Iglesia ya que yo era un hermano separado. Desde entonces, a través del Sacramento del Matrimonio, de la Reconciliación y de la Eucaristía, he venido creciendo en mi vida espiritual, lo que se ha visto complementado con las enseñanzas que he recibido en la Comunidad Ciudad de Dios desde el año 1984, cuando hice mi retiro de Conversión en La Palmera.

El Señor nos ha dado valiosos regalos espirituales a través de los 14 años que tenemos de pertenecer a la Ciudad de Dios y de saber que él guía nuestros pasos. Uno de esos regalos ha sido el mantenernos unidos en nuestro matrimonio durante 50 años, ya que el 21 de Febrero de 1998 tendremos la felicidad de cumplirlos. Por su gran misericordia no hemos sentido pasar el tiempo, porque él nos ha ayudado a llevar la cruz.

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"No Temas, Yo estoy contigo"

Emma Holmann

Yo quiero compartir el milagro que hizo el Señor y la Virgen en mi nieta Mariana. Ellos viven en Costa Rica y la niña había sido completamente sana. El 23 de Mayo del ‘91, a los 7 años, después de que llegó del colegio le dijo a su mamá que se sentía mal, y después cayó al suelo con la mirada perdida y no reaccionaba. Mi hija Consuelo la montó en el carro y fue donde su pediatra y el pediatra, desde que la vio, le dijo que se fueran inmediatamente al hospital. En el Hospital del Niño de San José, Costa Rica, la llevaron a cuidados Intensivos y el doctor le dijo que había tenido una trombosis. Incluso, cuando llegó al hospital, estuvo a punto de que le diera un paro cardíaco.

No se explicaban por qué le había dado eso a una niña de 7 años, tenía todo el lado derecho paralizado. Mi hija nos llamó como a las 7 de la noche avisándonos y pidiendo oración a la comunidad. De inmediato empezamos a llamar a nuestros hermanos de grupo, pidiendo oración.

A medianoche le dio otra trombosis y Consuelo pensó que la niña se moría. Se acostó a la par de ella y empezó a orar.

Al día siguiente que era 24 de Mayo, la suegra de mi hija fue a la Iglesia a una misa que hacen allá el día de María Auxiliadora, a las 4 de la mañana, y todos los que estaban en la Iglesia empezaron a pedir que la Virgen hiciera un milagro en la niña.

Consuelo nos llamó llorando, a las 5 de la mañana, antes de salir nosotros para Costa Rica, porque la niña no la reconocía. Pero el Señor y la Virgen con su intercesión tan poderosa hicieron el milagro. Ese mismo día, el 24 de Mayo, el doctor pasó revisándola como al mediodía y cuando volvió, a las 4 de la tarde, se quedó asustado cómo la niña había mejorado. Incluso, cuando yo llegué a San José y entré al cuarto a verla, ya ella había recobrado sus movimientos del lado paralizado y podía hablar bien.

Al día siguiente ya pudo regresar a su casa. Su recuperación fue rapidísima, estuvo en fisioterapia un tiempo. Pero la niña pasó como un mes que no dormía en las noches por miedo que le diera otra trombosis cuando estuvieran todos dormidos, y ella no poder avisarles.

Una noche que ella no podía dormirse, vio una luz en la puerta de su cuarto que cada vez se hacía más brillante y una voz le dijo: "No tengas miedo, Yo estoy contigo". Desde entonces nunca más volvió a sentir miedo y pudo dormir tranquila en las noches.

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Miomatosis Uterina

Jenny Pérez

El Señor realizó en mí una sanación. El 23 de Octubre del ‘95, tuve que visitar a mi Ginecólogo por ciertos malestares anormales que me estaba ocasionando mi menstruación. Ella me mandó hacer un ultrasonido pélvico; me lo realicé y los resultados fueron Miomatosis Uterina, uno de ellos midiendo 27 mm.

Con los resultados el doctor dice que es necesario una operación para quitarme el útero. El 17 de Nov. del ‘95, en una Asamblea, el Señor dio una palabra de conocimiento a mi hermano Chale acerca de mi enfermedad, dando detalles exactos sobre los síntomas, mi ropa, el lugar donde me encontraba en el local, y dijo que el Señor quería sanar a esta persona y que pasara para orar por mí.

Luego de la oración, continué con mis malestares, y siempre pidiéndole al Señor el milagro prometido.

En Enero del ‘96, estando en reunión de grupo, nos dice el Señor que él nos amaba y que nos iba a liberar de aflicciones, enfermedades, preocupaciones, etc.

Minutos después sentí algo que no era normal, me fui al baño, pero en el camino se me vino una hemorragia muy fuerte. Mis hermanas me ayudaron, pero no sentía ningún malestar, sino que sentí una tranquilidad en mi vientre.

Regresé a mi casa sin ningún malestar y dejé que pasaran algunos días. Volví donde el doctor y me dijo que los miomas se habían desprendido y habían sido expulsados hacia la vagina, lo cual no se explicaba, ya que estos sólo con cirugía se eliminan. Me dijo que necesitaba hacerme un legrado para limpiar el útero, el cual fue realizado 8 días después.

Se hizo una biopsia al mioma y no detectó nada anormal. Le doy honra y gloria al Señor.

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Sanación del miedo

Noella Maurice

El Señor nunca nos pide algo sin prepararnos para lo que iba a pedir. Cuando por primera vez viajé a Costa Rica para estudiar Español, me di cuenta que tenía un miedo incontrolable a las cucarachas. Siempre había tenido miedo a los perros. Yo no entraba a una casa donde hubieran perros, ratones, etc., pero creo que las cucarachas tomaron el primer lugar porque se encontraban dentro de la casa.

Me acuerdo haber cambiado de pensión porque había visto una cucaracha en el baño; y eso era un problema, porque ahora yo no entraba en el baño. En ese entonces no sabía que había cucarachas en casi todas las casas. Cuando regresaba a Canadá, mi alivio era que no habían cucarachas y otros insectos dentro de las casas. El choque cutural me afectaba menos que las cucarachas.

En el ‘92, vine a Nicaragua para el Primer Encuentro Regional Iberoamericano, y me tocó dormir en los cuartos del IPADE, donde había de todo: cucarachas, serpientes, ratones, chocorrones, etc. Una noche, un ratón (o rata por el tamaño) estaba caminando arriba de la pared cerca de mi cama. Eran como las 11 de la noche, yo quería gritar pero no quería despertar a las otras hermanas, pero yo gritaba con las manos en la boca. Mi compañera de cuarto al ver la situación empezó a orar sobre mí. Y al rato me dormí profundamente.

Cuando regresé a Costa Rica, me di cuenta que el Señor no solamente me había quitado mi miedo por esa noche, sino que ahora podía matar a una cucaracha, aunque le tuviera asco, y lo tengo todavía, y no le tengo miedo a los perros ni ningún animal. Lo más sorprendente de eso es que el Señor me sanó sin que yo tuviera la menor idea que iba a hacerlo, ni siquiera se lo había pedido. No me acuerdo de la oración de la muchacha. El Señor sabía que iba a llamarme a vivir aquí y tuvo misericordia de mí. Yo sé que no podría haber vivido aquí sin esa sanación. Hace 3 meses alquilé un apartamento y, ¿sabes qué?... No hay ni una cucaracha. Creo que el Señor me está mimando muchísimo.

1994 fue un año de discernimiento para mí. Después de haber orado mucho y consultado con los líderes de la Ciudad de Dios, en fe me vine de Canadá para vivir, no en Nicaragua, sino en la Ciudad de Dios, que se encuentra en Nicaragua. Ahora, 3 años después, veo la mano protectora de Dios sobre mí de mil maneras, pero lo más tangible es que en esos 3 años nunca me he enfermado; ni una vez tuve diarrea, o el dengue, o la quebradora, o vómito, o gripe, nada, nada, nada. Yo lo tomo como una confirmación entre muchas confirmaciones del llamado del Señor de venir a vivir aquí. Él es un Dios Fiel.

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Maremoto

María Menicucci

Me encontraba en Pochomil el 1º de Septiembre del ‘92, habíamos llegado por la mañana para regresar por la tarde. Llegó la tarde y le dije a Muriel que fuéramos a caminar y así disfrutar de la puesta de sol; al poco caminar, vimos una luz brillante que se desprendió del cielo hasta llegar al mar y me sorprendí. Muriel me preguntó: ¿Te dio miedo, no? Y le respondí: Lo que me causó fue asombro.

Nos devolvimos, al llegar frente a la casa nos quedamos en la playa platicando, el mar estaba picado tirando olas fuertes, con bastante espuma. Le dije: ¿Nos vamos para adentro? Si, dijo. Y nos encaminamos hacia el corredor de la casa diciéndole que oráramos y selláramos la casa, las personas del servicio y sus hijos; efectivamente, de inmediato oramos bastante.

Cerca de las 8 de la noche, terminamos de orar, luego nos fuimos a la cocina a buscar algo de comer, calentamos y regresamos al comedor, oramos por los alimentos, en ese instante se escuchó un ruido fuera de lo normal. Le dije: ¿Muriel, escuchaste ese ruido? No, dijo ella, vos estás nerviosa. Le dije que no. En eso me levanté para ver de dónde venía el ruido, y cual fue mi susto ver una ola gigante y negra frente a nosotras. Le grité: Mirá lo que viene ahí, al tiempo que la ola nos caía encima, sin decir nada más (quiero explicar que no sé nadar); y empezó la angustia. La ola apagó las luces y quedamos en total oscuridad, a mí me tiró contra la pared y trataba de estar empinada para poder respirar.

Al pasar un momento pude pensar y me acordé de Muriel. ¿Dónde está?, decía en mis pensamientos. De inmediato extendí un brazo buscándola; ¡qué alegría cuando pude tocar su cabeza! La tomé del brazo y la atraje hacia mí. Ya juntas la llamé por su nombre y ella dijo: ¡Si, estoy viva! Entonces se me vino a la mente la enseñanza de la Comunidad del Poder de Dios y de inmediato tomé autoridad en el Nombre de Cristo Jesús que tiene poder sobre esa ola inmensa, pues no sabía que era un maremoto; y en cuanto oramos y alabamos al Señor Jesús, salió el agua, dejándonos libres.

Le dije que fuéramos al cuarto para buscar una lámpara que yo tenía y me dijo ella: ¡Estás loca!, qué vamos a hallar si todo se lo llevó el mar. Sin embargo, yo insistí y fuimos. El cuarto no tenía puerta, entramos, busqué mi lámpara y la encontré; prendí y cuál fue mi susto que encendió, le recogí sus lentes llenos de algas y arena. Encontré mi cartera donde andaba mi Biblia y estaba seca; le dije que me alumbrara, abrí la Biblia al azar y me salió el pasaje de Ezequiel 26. Nos pusimos de rodillas y empecé a leer, y dice así: "El día 1º del mes...". En ese momento yo no me acordaba que era 1º de Septiembre, el Señor nos habló en esa lectura.

Después empezamos a buscar cómo salir de la casa y las lanchas se habían metido a la casa. Nos costó salir, buscamos a las personas del servicio y estaban vivas junto con sus hijos. En esa casa nadie se ahogó, salimos todos a la calle para buscar quién nos llevara a León; entre el gentío, Bomberos, Cruz Roja, encontramos al chofer que nos iba a recoger por la tarde y que no llegó porque se retrasó. Llegamos a Managua en la madrugada sanas y salvas, gracias al poder de Dios y su gran misericordia. Amén.

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Colorido de la Comunidad

Nidia Rayo

Aunque soy relativamente nueva en esta comunidad, quiero agradecer el Señor con toda mi alma el haberme permitido entrar a formar parte de ella. A través de mi vida y en la larga búsqueda que para mí supuso encontrarme con él, tuve la oportunidad de refrescarme en esos pequeños oasis que calmaron un poco mi sed: Renovación Carismática, Encuentro Matrimonial, Cursillos de Cristiandad y la Fraternidad de Hombres de Negocios. Fue este último oasis donde mi encuentro con él tuvo lugar; me fue preparando poco a poco y me permitió beber de esas otras fuentes, pero no eran todavía fuentes de agua cristalina que él da a beber a sus escogidos.

A partir de ahí mi proceso de sanación y conversión se inició. Sin embargo, tenía la certeza de que eso no era todo, había en mí una sensación de vacío que no era llenada. Los grupos que formaban en los oasis mencionados anteriormente se desvanecían de la noche a la mañana, el encantamiento duraba poco, me sentía frustrada. Yo seguía buscando algo más, pues sabía que sola era muy difícil continuar.

Por esos tiempos teníamos de vecinos a los Cruz (Omar e Ileana). Yo veía algo diferente en esa familia que nosotros no teníamos, y me preguntaba qué era. Un día ellos me dijeron que pertenecían a una Comunidad de Alianza (idioma chino para mí) que se llamaba Ciudad de Dios y que un día nos invitarían a participar. Ese día tardó un poco más de 10 años (el tiempo de Dios no es el tiempo de nosotros). Los Cruz habían sido nuestros padrinos en Encuentro Matrimonial y esta nueva invitación la vimos como una señal del Señor. Yo estaba plenamente segura que él nos estaba preparando para algo grande. Eso lo confirmamos más tarde cuando participamos del retiro de conversión en El Crucero.

A partir de ese momento, el Señor nos dejó tranquilos. El pequeño oasis dio origen a un hermoso océano. Lo que yo tanto le había pedido, al fin había sido concedido. Le solicité por mucho tiempo que pudiéramos integrarnos a una comunidad donde se velara por el bien común, la estabilidad familiar, en fin, formar parte de una comunidad bien ordenada y con una fe firme en Cristo.

Esta comunidad de la Ciudad de Dios es para mí como un mantel grande formado por parches imperfectos de hermoso colorido. Cada uno de los parches somos cada una de las familias que la formamos. Somos parches imperfectos, pues es en esta comunidad de alianza donde nos estamos formando y estamos aprendiendo a:

Alabar a Dios (Hch.2:47).

Acudir asiduamente a la enseñanza (Hch.2:42).

Convivir con los demás hermanos (Hch.2:42).

Tener un sólo corazón y una sola alma (Hch.4:32).

Ordenar nuestra vida de acuerdo con la Buena Nueva de Cristo (Fil.1:27).

Mantener lazos de paz y permanecer unidos en el mismo Espíritu (Ef.4:3).

En esos parches imperfectos de hermosos coloridos estamos aprendiendo a confiar, pues sabemos que es Dios quien nos guía. Estamos aprendiendo a amarnos los unos a los otros; a celebrar nuestros cumpleaños y disfrutar de paseos y actividades familiares de una manera distinta a como disfrutábamos cuando estábamos en el mundo.

En ese colorido vemos el símbolo de su Alianza: "Pondré mi ley en su interior, la escribiré en sus corazones y Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse mutuamente diciéndose el uno al otro: Conozcan a Yahveh, pues me conocerán todos, desde el más grande al más humilde. Porque Yo habré perdonado su culpa y no me acordaré mas de su pecado". (Hebreos 8:10-12).

Las reuniones en la comunidad son para nosotros el entretenimiento en nuestra vida diaria. Aquí nos divertimos en Dios.

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Agua hirviendo

Olga Nicaragua

El Señor me hizo un milagro con una de mis hijas (María Victoria). Cuando ella era niña tuvo un accidente: a ella le había caído agua hirviendo en su cara. Mi miedo era que la niña tuviera un ojo cocido. Yo estaba muy desesperada porque ella sentía tanto ardor y dolor que agarró el vestido y se lo pasó por su carita, arrancándose por completo toda la parte de su cara dañada.

En ese momento le eché de todo en su carita, pero ella no dejaba de llorar, y entonces me postré de rodillas y llorando le pedí al Señor y a María Santísima que me le quitara ese dolor y ardor que ella sentía en ese momento.

Cuando había pasado ½ hora del terrible accidente, ella dejó de llorar y le pregunté si sentía algo. Ella me contestó que ya no sentía ningún ardor, ni dolor. Ahora ella tiene 22 años y su cara es normal, no le quedó ninguna cicatriz, ninguna seña en su cara y para mi fue un gran milagro que el Señor le hizo en ½ hora.

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Poxipol

Atilio Bravo

Desde que me convertí al Señor, he dado mi diezmo cada vez que he tenido un ingreso. No me acuerdo haberle fallado.

Por razones de la guerra, la empresa donde trabajaba me trasladó a Costa Rica. Cuando se cerró operaciones en ese país, lo lógico era que me despidieran, pero más bien me trasladaron a Guatemala, con el doble del sueldo. En Guatemala pasé 5 años y en el ‘93, se cerró el programa. Pudieron haberme despedido pero decidieron repatriarme con un contrato de 2 años mientras me ambientaba.

Cumplido el contrato, me quedé sin empleo. Mis prestaciones sociales me permitirían vivir unos 6 meses, mientras encontraba empleo. Sin embargo, como no lo encontraba, decidí meterme a exportador. Estaba por exportar unos frijoles cuando por casualidad me di cuenta de que los compradores no eran recomendables. El Señor me protegió de perder todos mis ahorros.

Después de 3 meses de buscar trabajo y no encontrarlo y al ver que me estaba comiendo mis ahorros, reclamé al Señor nuestra alianza y su promesa de abrirnos los cielos a los que le dábamos nuestro diezmo. Lo hice con desesperación y angustia.

Al día siguiente vino a mi casa mi hermano en Cristo, Franklin Gavarrete, de la Comunidad Árbol de Vida, de Costa Rica; se sacó una cajita de su bolsa que decía: Poxipol, y me dijo: Atilio, sé que estás sin trabajo y que andas buscando una oportunidad de negocio. Allá en Costa Rica vende este producto que pega cualquier chochera; yo lo uso para todo. Fijate que aquí en Managua lo anduve buscando en varias ferreterías y no lo encontré. Creo que puede ser una buena opción de negocio para vos.

Le escribí a quien producía aquel pegamento y como no recibí contestación, contacté a la Cámara de Industria de Argentina. Un mes después recibí la visita de un joven que venía a conocernos, pues habían recibido las dos cartas pero no tenían planes de introducir el Poxipol en Nicaragua, sino que en Honduras; pero dada mi petición, habían efectuado una investigación y creían que podía haber alguna posibilidad de vender los productos Poxipol. Me preguntaron de cuánto capital disponía y al responderle me señalaron que era justo lo que necesitaba. Dijeron que volverían en 2 meses.

En esos 2 meses me comería otra parte de mis ahorros, pero el Señor me permitió conseguir una consultoría por 2 meses en el Banco Centroamericano de Integración Económica.

Regresaron, investigaron mi empresa y me dijeron que tenían que visitar otros posibles distribuidores y que regresarían dentro de 3 meses para decidirse si habíamos sido escogidos o no. Mi esposa y mis hijos se sintieron desanimados, pero con una fe que sólo viene del Señor, les dije: Si ésta es la respuesta del Señor a nuestras peticiones, nadie podrá quitarnos la distribución.

Durante esos 3 meses de espera el Señor me brindó la oportunidad de dar una consultoría, lo que me permitió guardar intacto el capital que tenía destinado a la distribución del Poxipol.

A su regreso, los argentinos me notificaron que habíamos sido escogidos, nos presentaron el Plan de Distribución y mandaron a nuestros vendedores a entrenarse a Costa Rica. Los vendedores iniciales fueron 2 hermanos honrados de la comunidad. Además de otros regalos publicitarios, en la campaña electoral del ‘96 salió en El Azote, revista cómica de La Prensa, que el candidato a alcalde se llamaría Pedro Poxipol (en vez del nombre anterior, Pedro Carretón), en alusión a su lema de Pedro nos une, y que sus colores de campaña serían azul con amarillo.

En agosto del ‘97, en la carreras de carretones del Ben Hur, ante unos miles de espectadores el caballo que ganó el segundo lugar se llamaba Poxipol. El nombre de mi producto se mencionó en todos los diarios, emisoras y televisiones del país por dos días y sin costarme un centavo.

Nuestras ventas han venido creciendo y cada día más el producto se posiciona en el mercado permitiéndonos vivir como hijos del Rey. Gloria al único y verdaderamente fiel: El Señor, que nos lleva "pegados" en su corazón.

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Con los pulmones afectados

Sonia Bravo

Rufino, el hermano de mi esposo, tiene alrededor de 70 años y fuma desde los 15. Una mañana uno de mis hijos nos llamó para comunicarnos que estaba grave debido a una insuficiencia respiratoria. Lo habían llevado al hospital y los médicos diagnosticaron que necesitaba oxígeno; dijeron que podía morir en cualquier momento, y parecía que era un cáncer de pulmón. Le hicieron una Tomografía y el resultado salió positivo.

Mi esposo Atilio fue a verlo y lo encontró en una situación deplorable. No podía caminar ni diez metros, pues se cansaba. Cuando regresó a la casa, me pidió que en el grupo de intercesión presentara ante el Señor una petición de sanación para que su hermano no muriera sin antes conocer al Señor.

Una semana después, en los primeros días de Julio del ‘97, le hicieron de nuevo los exámenes y el resultado fue asombroso, demostró que no tenía cáncer. No tenía ninguna dificultad para respirar. Dos meses después pudimos llevarlo a un retiro de la comunidad y, para demostrarnos que estaba completamente reestablecido, el Señor permitió que caminara como 3 Kms. (Desde Don Bosco, hasta Villa Libertad) sin descansar ni cansarse. ¡Gloria al Señor!

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"Alabado sea Dios, me salió un cáncer"

Elisa Samqui de Quant

Todo acto que pasa por nuestra vida, viene encadenándose al primer eslabón que es sostenido por nuestro Señor, Dios Omnipotente y Soberano. El día 15 de Junio del presente año, me practicaron una cirugía menor, sacándome un pequeño ganglio, el cual mandaron a biopsear. Al tener el resultado, el médico no hallaba cómo decírmelo. Primero se lo dijo a mi esposo impactándole grandemente. Como él le dijera que yo estaba bien fortalecida por el Señor, decidió citarme y decirme que en la biopsia me había salido un carcinoma ductal infiltrativo. Yo ya conocía la palabra porque mi madre murió a causa de un cáncer (como se le conoce por todos).No me inmuté, sabía de la gravedad del caso y sin embargo dije en mis adentros: Gracias Señor por esto, yo sé que Tú me sostienes con tu Brazo Poderoso.

Al salir de la empresa médica venía Teo y le dije: "Alabado sea Dios, me salió un cáncer".

Teo le contó a nuestro hermano Adolfo sobre mi caso y ya mi hermana Ligia B. me había advertido: No tengás en cuenta sólo al primer médico, consultá con otro que sea especialista. Sin moverme de la casa, nuestro hermano Adolfo llevó al doctor Sergio Argüello a nuestro hogar y él dijo que para mi caso era mejor consultar con su maestro, el Dr. Oscar Fonseca, e inmediatamente hizo los trámites necesarios para que me atendieran en León. Fui con mi hijo Christian (médico internista), mi hermana carnal Elena y mi hermano en Cristo Enrique, quien conducía el automóvil. Mi hermana Elena y yo, íbamos preparadas para quedarnos en León por si el médico no podía venir a Jinotepe.

El Señor, nuestro Dios, hizo posible que al haber visto los resultados de la biopsia y examinarme, el doctor aceptara venir a Jinotepe para operarme. Gracias a Dios, que me iba poniendo ángeles en el camino. Todo se me facilitó para que el doctor Fonseca me practicara una mastectomía radical modificada, el día 31 de julio de este mismo año, ayudándole el doctor Argüello y el doctor Niño.

Aquí el Señor realizó su obra sanadora en mí, ya que al hacerme una segunda biopsia salieron catorce ganglios, todos negativos.

El Señor es tan maravilloso (ya que a mí me venía preparando desde tiempo atrás) que me había regalado una fortaleza increíble, fe y confianza en Él de que todo saldría bien. Me dio chance de buscar al padre Edwin, a quien le conté lo que tenía y le pregunté si era necesario que me diera los santos óleos, y que él mismo llegara a la tienda y me los administrara en otra ocasión. Sí, me dijo: Te los voy a dar otra vez, y así fue; también me dio la sagrada comunión.

El Señor Jesús quitó de mí todo temor, pero como humana, quiso mi carne flaquear y como ráfagas apenas perceptibles pasaban por mi mente pensamientos negativos, los cuales desechaba de inmediato. Jesús y María estuvieron conmigo en cada instante. Su inmenso amor trasmitido a través de todos mis hermanos en oración, como por mi esposo y mis hijos, las hermanas que me cuidaron día y noche, el médico que quedó a cargo de mi evolución post-operatoria, las enfermeras, las hermanas que me llevaron flores, etc., lo sentí tan palpable... me sentí tan mimada por el Señor, que la honra y la gloria sea para Aquél que todo lo puede, mi Dios y mi Señor. Amén.

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El nacimiento de mi hija

María Eugenia Flores

El 10 de Octubre del ‘96, estando embarazada, a las 5 de la mañana me desperté con pequeñas contracciones como señal de iniciación del parto. En el transcurso de ese día las contracciones no aumentaron. Como la fecha de parto era hasta el 28 de Octubre, esperé hasta el siguiente día para ir a la clínica.

El día 11 de Octubre a las 7 de la mañana, ingresé a la sala de partos; a lo largo del día las contracciones no aumentaron. Después de 12 horas fui revisada por mi ginecóloga, quien me comunicó que por el agotamiento que presentaba y al no haber más dilatación, me iban a cesarear.

Al querer un parto normal, me presentaron como alternativa el suero abortivo, y acepté. Siendo un día Viernes, su pueblo estaba reunido, y me uní a ellos pidiéndole al Señor que antes de finalizar la Asamblea, me regalara a mi hija.

Agradezco al Señor que a las 9:58 de la noche, nació mi hija, demostrándome una vez más el inmenso amor que tiene para con sus hijos.

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Tétano

Guillermo Martínez A.

Corría el año ‘68, en el mes de Junio y llegó la noticia que un hermano de mi papá había muerto; este tío era muy querido por todos en la casa. La noticia me alteró bastante, lo suficiente como para sacarme de mi habitual forma de ser y a la hora del almuerzo tuve un accidente: me enterré una mostacilla en el talón; pero en mi afán de dejar todo mi trabajo terminado, no me atendí, pues tenía que ir a la vela y al entierro de mi tío, y me olvidé de atender mi herida.

Ayudé en todo lo que pude, pero ya para el siguiente día estaba con fiebre y la quijada se me había endurecido; los dos siguientes días fui empeorando, aunque siempre trabajaba, y cuando ya no aguantaba fui donde el doctor y me detectó tétano y fui internado de emergencia en el hospital, sin la menor esperanza de vida. Sentí miedo porque nunca antes supe que alguien se salvara de tétano.

Pasaron los días y mi situación era crítica, me di cuenta que un enfermo de eso sólo vive 72 horas, como máximo. Pero al cuarto día yo seguía vivo, orando al Señor ya no para vivir, sino para que el Señor me perdonara mis pecados. Los sufrimientos eran severos, pero yo oraba y oraba; hubo momentos en que me dieron por muerto. En una ocasión sentí que el Señor me daba ánimo y que yo iba a salir vivo, entonces le agradecí y le pregunté por qué me dejaba vivo, y él sólo se sonrió.

Después de 9 días pude decir que viviría, pude sentarme, y después de 6 meses pude caminar. Hoy, después de 29 años, sigo dando gracias a Dios.

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Mis primeros pasos

Yadira Garmendia

Que muy duro ingresar a la comunidad. Cuando tienes una vida supuestamente feliz, llena de mundo y de prejuicios a los que les damos prioridad, cuando de repente le das paso al Señor, él viene y empieza por destruir lo que uno cree que es bueno y te va llenando de vida nueva todo tu ser.

Algo que aprendí al principio en la comunidad, fue a compartir, convivir con un grupo de personas que dicen: "Vos sos mi hermana y te quiero mucho", te dan un fuerte abrazo y un gran beso en la mejilla. A lo que a mí realmente no estaba acostumbrada; un beso en la mejilla sólo Judas, decía.

Al entrar al salón miraba aquella saludadera y me escondía en los rincones para no entrar en esa onda, pero hasta allí el Señor me mandaba un grupo de hermanas que no conocía a saludarme con su respectivo beso. Y cuando las miraba venir, recuerdo muy bien que decía: Allí vienen esas viejas con el pico muy estirado a darme un beso.

Pero el Señor te va cambiando todas esas actitudes y malas enseñanzas del mundo, y das un paso a un nuevo ser y a un nuevo modo de vivir en Cristo, muriendo día tras día a todas estas cosas que aprendimos en el pasado.

Ahora yo también saludo a mis hermanas con un gran abrazo y un gran beso diciendo: "Sos mi hermana y te quiero mucho". Amén.

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La Visita de Su Santidad Juan Pablo II

Jimmy Bolaños

Nicaragua tuvo la dicha de recibir a Su Santidad Juan Pablo II el 7 de Febrero de 1997. Después de la noche oscura del 4 de Marzo del 83, el sol radiante de la mañana en la plaza fue un claro indicio de la bendición que su visita representó para nuestro país. Al respecto dijo el Papa: "Recuerdo la celebración de hace trece años; tenía lugar en tinieblas, en una gran noche oscura. Hoy se ha tenido la misma celebración eucarística al sol; se ve que la Divina Providencia está actuando sus designios en la historia de las naciones de toda la humanidad".

Hace trece años me quedé en mi casa grabando en videocasetes la visita del Papa; mi esposa estaba embarazada y no pudimos ir a la plaza. El comportamiento de la pequeña turba sandinista que usó megáfonos y manipuló los micrófonos irrespetando al Sumo Pontífice, interrumpiendo en varias ocasiones la celebración eucarística, fue por decir lo menos, escandaloso. Nicaragua entera se sintió profundamente dolida y avergonzada. Al final de la celebración los líderes de entonces levantaban sus brazos al grito de: ¡poder popular!, envalentonando a sus turbas divinas. Era necesaria otra oportunidad para que el pueblo nicaragüense católico se manifestara sin manipulaciones ni amenazas, y mostrara en todo su esplendor su amor al Papa, a Cristo Eucaristía, a la Santísima Virgen María, y pudiera mostrar al mundo su cultura, sus valores de civilidad, orden y respeto, reparando el daño hecho trece años atrás.

Esta vez sí fuimos a la plaza desde horas tempranas de la mañana, en compañía de varios familiares y de John Keating. Para los que tuvimos la ocasión de estar allí fue una experiencia inolvidable. El júbilo que experimentamos al paso del avión, al llegar el Papa a la plaza, al ver agitarse miles de banderas amarillo y blanco, oír a la multitud corear vivas al Papa y a Cristo Rey, y participar de la Eucaristía en un ambiente de respeto, de oración y de hermandad extraordinarios. El mensaje de la homilía dirigido a la familia cristiana, resaltando la responsabilidad de los padres en la formación cristiana de los hijos, fue muy hermoso y actual. Me llamó la atención cuando enfatizó a los padres que debemos merecernos el respeto de nuestros hijos con nuestro testimonio y no limitarnos a exigirles obediencia de normas de vida que no practicamos.

Su visita es de una bendición especial para la Iglesia y para toda Nicaragua, así lo expresó en su mensaje de bienvenida nuestro querido Arzobispo Cardenal Miguel Obando y Bravo: "Gracias, Santo Padre, en nombre de todos, gracias, muchas gracias por estar aquí entre nosotros. Su visita es, sin duda, un acontecimiento de extraordinaria importancia histórica, que quedará marcado con piedra blanca en los anales de nuestra ciudad capital. Pero sobre todo es para nosotros como creyentes, un acontecimiento eclesial y portador de gracia".

Y continuaba: "Su paso por Nicaragua no será sólo un recuerdo a rememorar, sino una semilla de gracia sembrada en nuestros corazones, que debemos cultivar y reavivar".

Dios bendiga nuestras familias y haga prosperar abundantemente esa semilla de la Palabra de Dios para que produzca los frutos que el Señor espera cosechar de nosotros.

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Acuérdate de tu Creador ahora que eres Joven

Luvia Morales de Rivas

Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven y que aún no han llegado los tiempos difíciles. Del Señor he recibido la gracia de conocerle desde la alborada de mi vida. A los 10 años de edad, me ilusioné con pertenecer al Ministerio de MFA de la Basílica de San Sebastián y, sin conocer los designios de Dios, comencé a andar por sus caminos como si fuera conducida y protegida por su inmenso amor. Mi adolescencia transcurrió con la mayor normalidad, fui alegre, participativa en las cosas de mi colegio, y también tuve los problemas correspondientes a esta etapa de la vida (como la rebeldía). Con apenas 15 años, en un Retiro de Conversión, en la Palmera de Diriamba, aunque era muy joven, tomé la decisión más seria y trascendental de mi vida: Decidí aceptar vivir la voluntad de Dios en mi vida y ser su discípula, costara lo que costara.

Cuando se es joven el costo del discipulado muchas veces consiste en renunciar a conocer los manjares del mundo, es no vivir conforme te dicta la carne, es pasar muchas veces por anticuada, o por fuera de onda (como se dice). El costo del discipulado es buscar sinceramente conocer más de Dios, darle tu tiempo, tu energía, tu fuerza de joven, sentarte diariamente a orar y preguntarle cuál es el plan que tiene para tu vida.

Comencé a trabajar después de bachillerarme y traté de ser auténtica, de no esconder mi vida de fe y eso me protegió de muchos peligros. Mis compañeros de trabajo supieron siempre que pertenezco a una Comunidad y, aunque estoy muy lejos de ser santa, trato de vivir a diario en lo que me es posible la voluntad de Dios.

Dios bendijo mi vida con un matrimonio cristiano y me ha regalado tres bellos niños, dos varones y una niña, a los que tengo la responsabilidad de formar en la fe y en los valores del Reino de Dios. Muchas veces me identifico con el hermano del hijo pródigo que se quedó todo el tiempo al lado del Padre, que aunque no recorrió el mundo, tampoco le tocó sufrir las dificultades que tuvo que pasar su hermano. Que aunque no soy la maldad personificada, tampoco estoy exenta de esos pecados polilla, que muchas veces minan las relaciones.

Mi vida ha ido de bendición en bendición, de gracia en gracia, y es que el Señor está dispuesto en todo momento a colmarnos con su amor toda nuestra vida. Somos nosotros los que nos alejamos y le somos indiferentes; muchas veces El nos habla y cerramos nuestros oídos, nos espera en la Eucaristía y en la cita diaria de oración, y le somos infieles.

Yo soy testigo de su poder, de su amor y de su providencia. A Él le doy la gloria y proclamo su victoria por siempre.

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Todos pensaban que iba a morir

Patricia Pavón

Cuando era niña me dijeron que Dios era mi padre y yo lo creí. Crecí con un gran respeto al Padre Eterno. A los 16 años de edad comencé asistir a las asambleas de la Renovación Carismática que se realizaban en el Colegio Madre del Divino Pastor de esta ciudad de Diriamba, y fue entonces cuando descubrí que Dios además de ser mi Padre era mi Amigo, mi Señor y mi Todo. Qué bueno que fue en esa época que pude experimentar y tener conciencia de todo esto, porque dos años después sufrí un accidente automovilístico en el que se me fracturó la clavícula izquierda, además de sufrir una compresión medular en la 2da, 4ta. y 5ta. vértebra dorsal.

Unos meses antes había leído un libro sobre una muchacha cuadriplégica (inmovilidad en las extremidades superiores e inferiores), y esta lectura me ayudó a comprender el estado en que me encontraba en el hospital, ya que no podía mover mis piernas; con gran dificultad sí movía mis brazos y tenía poco control en los músculos del cuello. Desde ese momento comencé a orar y le pedía al Señor que si era un sueño me permitiera despertar, y si no, que me diera mucha fortaleza y paz.

Desde ese momento aproveché cada instante para orar. Todos pensaban que iba a morir. Los médicos decían que ni siquiera iba a poder sentarme. Cuando llegaban a visitarme me preguntaban cómo me sentía, y yo decía que bien, y en verdad que me sentía bien, lo que pasaba es que casi podía palpar la presencia de Dios. El me permitió sentir y ver su amor de forma directa y a través de las personas, pues gozaba de la solidaridad y servicio de mi hermana Kelly que me acompañó durante dos años que estuve en varios hospitales, de mi familia que estuvo y está siempre presente y ocupada de lo que me sucede y necesito; de las muchas personas que me visitan y oran por mí.

Hoy veo hacia atrás de mi vida y pienso que si el Señor me preguntara que a partir de qué etapa de mi vida me gustaría vivir, sin duda diría: A PARTIR DEL ACCIDENTE. Fueron momentos de mucho dolor físico, pero sobre todo de mucha paz y gozo espiritual. Puedo decir entonces que conozco las bendiciones que se reciben a través de la oración, y gozo de la paz que da el experimentar el infinito amor de Dios. El Honor y la Gloria sean para mi Señor.

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A través del Rosario

Martín Yllescas G.

Ultimamente he tenido que viajar a mi trabajo en transporte colectivo, y después de hacerlo en mi propio vehículo cuesta un poco aclimatarse a esta nueva situación. Sin embargo, pienso que los designios de Dios para cada uno de nosotros, aunque nos cuesta verlos y entenderlos, están dirigidos a nuestra protección y salvación eterna.

Venciendo un poco el respeto humano que a veces me embarga, comencé a viajar regularmente por las mañanas con mi hermano en la fe Leónidas Mejía. Por ese entonces escuché una charla que impartía nuestro apreciado hermano Nery Morales, en la que decía que cada uno de nosotros debe buscar a otro hermano para servirle antes de que el otro hermano venga a solicitarnos el servicio. Animado ante esta enseñanza, volví a ver la fila de atrás del salón donde estaba sentado, y dirigiéndome a Leónidas le dije que él ya no tenía que buscar a quien servir por las mañanas, ya que yo necesitaba de su colaboración y así lo hicimos desde entonces.

Como dice el refrán, el que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Aprendí la costumbre de Leónidas de rezar diariamente el rosario, creándose ya en mí la necesidad también de hacerlo durante el viaje. Una vez que viajaba en mi propio vehículo, sentí la necesidad de rezar e l rosario con gran insistencia en mi corazón, por lo que me dije que una vez que tomara la carretera lo comenzaría. Al salir de Diriamba me encontré con nuestro hermano en la fe y gran devoto del rosario, René Rivas, y juntos lo comenzamos con mucha alegría.

Resulta que ese día a la altura de Monte Tabor me distraje en la conducción del vehículo, y tuve que frenar y luego salir de la carretera para evitar colisionar con el vehículo que iba adelante, deteniéndome al final justo antes de chocar con un puente. En ese momento sentí la protección de la Santísima Virgen, ya que salimos sin novedad del peligro en que nos habíamos metido.

Por eso, digo ahora: Gracias Virgen María por interceder diariamente ante tu Hijo Jesús por mi bien, por mi familia y todas aquellas personas que encomiendo en tu rosario. Amén.

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A nosotros lo que nos toca es sembrar

César González Geyer

Uno de esos días en que el trabajo pesa más de lo acostumbrado, después de haber logrado terminar de atender al último paciente, me dirigía hacia la puerta para irme a mi casa, pero me detuve un momento con la secretaria a ver como había salido el día, cuando en la ventanilla que da a la sala de espera alguien golpeó. Sólo eso faltaba, otro paciente, y yo que no hallaba las horas de irme a la casa a descansar. Abrí la ventana, y me encontré con una señora que me saludó cariñosamente y me dijo: Doctor, yo sé que usted no se acuerda de mí, pero yo sí me acuerdo de usted.

Le tuve que confesar que en realidad no me acordaba de ella, y entonces comenzó a relatarme: Yo vine aquí a su clínica hace varios años a pedirle que por favor me llevara a mi hijo a un retiro en el Tepeyac, se acuerda Doctor? -No, no me acuerdo - le volví a decir. Usted me dijo que no podía llevarlo porque el cupo del retiro ya estaba lleno, y como era interno en el Tepeyac no se podía llevar más del numero permitido. Yo pensé: conociéndome, seguro que eso le debo haber dicho. Pero yo le dije -continuó la señora -: Llévemelo Doctor, porque tengo miedo de que me lo vayan a matar, sólo en la cárcel vive. ¿Se acuerda?, volvió a preguntarme una vez más. Por tercera vez tuve que decirle: no, no me acuerdo Señora. Bueno Doctor, al final usted me dijo que sí que lo iba a llevar, que iba a ver cómo se arreglaba en el Tepeyac, y mi hijo fue al retiro. Doctor, yo vine para darle las gracias y a participarle que mi hijo se va a ordenar de sacerdote en Diciembre.

Después de felicitarla y gozarnos juntos un rato, se fue la Señora y yo me quedé pensando: A nosotros sólo nos toca sembrar la semilla, pero el crecimiento, las flores y los frutos, son obra del Señor. A Él sean la Gloria, la Alabanza y el Imperio, por los siglos de los siglos. ¡Amén!

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Fruto de la desobediencia

Benjamín Tapia Navarro

En la asamblea regular del 8 de Noviembre del presente año, habiendo disfrutado de la presencia del Espíritu Santo invocado cada vez que dirige mi querido hermano y amigo, David Pereyra, al finalizar -como siempre- se dio lugar a las Palabras de Conocimiento. Fueron muchas, y entre ellas hubo una que describía la existencia de un proceso ulceroso estomacal y como dato aseverativo, la persona que lo padecía tenía la costumbre de comer grandes cantidades de chile. Al instante yo supe con certeza que la palabra era para mí.

Existe algo inexplicable que a uno le indica, sin lugar a dudas, cuándo el Señor quiere intervenir directamente en nuestras vidas en casos como éste. Yo lo he experimentado muchas veces. Es algo tan real y sensible como la vez en que la mirada de Chale se encontró con la mía cuando el Señor me sanó de la vista. Como ya es sabido, cuando se dan estos tipos de revelaciones yo he sido muy obediente. Pero en esta ocasión no lo fui. Sabía perfectamente que el Señor me quería sanar, ya que desde hace algún tiempo venía experimentando malestares de tipo ulceroso. La certeza era tal que mi mente no había dejado de revivir los muchos años en que padecí de ulcera duodenal, del tipo sangrante, que el Señor me sanó completamente en 1975.

Además de eso, en los últimos tiempos había estado comiendo grandes cantidades de chile en todas sus presentaciones. En mi mente no había duda, pero no quise obedecer. Para ser sincero, una de las causas por las que no quise darme por aludido es que si lo hacía, en consecuencia tendría que abstenerme completamente de tomarme mis traguitos. A decir verdad, en los últimos tiempos he estado tratando seriamente de ir dejando los tragos y para lograrlo había decidido tomar sólo con mis hermanos de la Comunidad, los cuales toman casi nada.

La otra causa era que idiotamente pensé que si levantaba la mano, el resto de hermanos de la Comunidad pensaría que yo siempre lo estoy haciendo para luego pasar el viernes siguiente a compartir que el Señor me ha sanado nuevamente. Y pensaran: Éste ya aburre, no hay cosa de la que no lo haya sanado ya El Señor. Así que ni levanté la mano ni pedí oración a mis hermanos de al lado. Salimos mis hermanos en mención y yo, comentando lo bueno que estuvo la Asamblea y la buena dirección de ella. Como estaba previsto, nos dirigimos al Restaurante donde cenaríamos con unos cuantos tragos. Ya en el sitio, nos tomamos esos tragos -pocos en realidad - pero una hermana del grupo y yo nos comimos todo el chile que nos pusieron con la comida. Todo el chile, sin exageración.

El día siguiente, después de una reunión con los padres de familia de la Comunidad, la hermana que la noche anterior me había acompañado a terminar con todo el chile, nos acompañó a mi esposa y a mí a comernos unos taquitos mejicanos. En ese lugar, además de que los tacos son muy buenos, los sirven acompañados de tres tipos de chile a cual más picantes. Como pueden imaginarse, de nuevo mi hermana y yo arrasamos con el chile. Además me tomé un par de cervezas. El siguiente día, domingo, unos amigos nos invitaron a su casa a comer cordero asado y sopa de chombón. De más está contarles la tremenda comida de chile que ahí nos dimos.

El lunes me desperté con una tremenda acidez estomacal. Tratando de aliviarla, me tomé como tres Sal Andrews y seis Alka Seltzer. Al notar que la acidez no cesaba, opté por no comer más que frutas en todo el día. Por la noche, noté al ir al inodoro que estaba desfecando sangre. Toda la noche la pasé en lo mismo y ya al amanecer era poca la sangre que me quedaba.

Antes de perder el conocimiento, mi esposa y mis hijos oraron angustiosamente por mí y en un momento de lucidez, les pedí que llamaran a un hermano que es muy amigo de un doctor para que éste me estuviera esperando en el Hospital, al cual pedí que me llevaran de emergencia. Si no hubiera hecho esto, ya estaría en el Purgatorio. Efectivamente, el doctor ya me estaba esperando y me dio ingreso de inmediato, pero en un momento se fue a traer no sé qué cosa y cuando regresó yo estaba desmayado y al borde de la muerte. Cómo sería mi situación, que a mí -que soy hipertenso- la presión sanguínea se me mantiene en unos 120-130 la alta y en esos instantes no llegaba ni a 60. La arritmia cardíaca -o como se llame- era tal que la aguja trazadora parecía que se iba a salir del aparato. La Muerte ya me tenía contratado.

Me llevaron a Emergencia y no sé a qué velocidad, me pusieron oxígeno, sangre y suero combinado con otros tantos medicamentos revividores. Ese martes lo pasé conectado a unos tubos y desfecando sangre. Cuando el doctor lo creyó necesario, me practicó una endoscopía, revelándose en ella la existencia de dos úlceras sangrantes en la base del estómago. Como el doctor sabía que hace doce años el Señor me había sanado de una úlcera duodenal, la buscó y rebuscó pensando que talvez quedaría algo de ella, pero nada encontró. Ahí se dio cuenta que cuando el Señor sana, sana.

Me dijo en tono serio y formal -ya que él es creyente cristiano - que el tratar mi malestar lo tenía sin cuidado, ya que lo único que estaba haciendo era lo rutinario, puesto que lo principal lo haría el Señor. Sin embargo me aplicaría los medicamentos necesarios. Se corrió la noticia de mi estado crítico entre mis hermanos y algunos de ellos llegaron a orar por mí. También supe que muchos hermanos se pusieron en ferviente oración en sus hogares pidiéndole al Señor que me prolongara el plazo.

Y el Señor les escuchó: el día miércoles se paró el sangrado. El jueves ya estaba sano, sin haber siquiera iniciado el tratamiento para el cierre de la úlcera, pero el doctor quiso que me quedara para revisar los exámenes. El viernes pasé a la Asamblea a darle Gloria a mi Señor y a pedir perdón por mi idiotez. Pedí perdón por una idiotez, que en mi caso es superlativa, dadas las múltiples manifestaciones de sanidad que el Señor ha hecho en mi vida. Y por otro lado miré el fruto de mi desobediencia al desoír esa Palabra de Conocimiento que con tanta claridad y detalle el Señor me reveló. La próxima vez que lo haga -Dios no lo permita- no estaré para contarlo.

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"Señor, sana a mi papá... Señor, sana a mi papá"

Horacio García

Siendo muy pequeño, padecí de una enfermedad en la pierna izquierda que se llama OSTIOMIELITIS (infección en el hueso), siendo operado varias veces hasta quedar curado. Sin embargo, la cicatriz que me quedó en la chimpinilla era de una piel sumamente frágil, con una consistencia de una telita de cebolla. Esto hacía que cada golpe que me daba, se me rompía, sangraba y costaba mucho trabajo y tiempo en cicatrizar.

En diciembre de 1976, jugando Soft-Ball, sin ninguna protección en la pierna enferma, sufrí un pelotazo que hizo que la piel se rompiera y se me hiciera una fístula que requirió intervención quirúrgica de un especialista en cirugía plástica. El médico que me operó, uno de los más capaces en el ramo, me hizo varios trabajos en la pierna que incluyeron varios injertos de piel, pero uno de ellos, no pegó quedándome esa área en carne viva.

Durante 4 meses, el médico me hacía en mi casa de habitación, injerto tras injerto, y éstos se morían, hasta que llegó un momento que me dijo que me llevaría nuevamente al hospital para hacer el último intento, y que si fallaba, él renunciaba para que yo quedara en libertad de hacer lo que quisiera, incluso irme a los Estados Unidos a buscar otro especialista.

Era ya el mes de abril de 1977, y un día martes me interné en el hospital. El miércoles por la tarde fui operado. El día jueves de esa semana se inauguraba un Congreso Carismático en el estadio de la UCA, con la participación entre otros, del Padre Betancourt y el Padre Forrest, de conocidos ministerios de curación física. El día viernes hubo en el congreso oración de curación, y todos mis hijos se hicieron presentes al Estadio de la UCA. El Padre Forrest llevaba la oración de curación, recorriendo una a una todas las partes del cuerpo; a esa misma hora, mi esposa Mélida y yo, nos pusimos a orar en el hospital. Cuando llegaron a la oración por las piernas, mi hijo Chanito que tenía entonces solamente 10 años, acompañó al sacerdote en su oración pidiendo: "Señor, sana a mi papá... Señor, sana a mi papá", entonces tuvo manifestaciones como sudor copioso y desvanecimiento sin causa justificable.

Simultáneamente, nosotros orábamos en el hospital, y en un momento de mi oración profunda y de comunicación con Dios, tuve una visión clarísima: me vi mi pierna completamente curada. Yo me asusté porque nunca había tenido una visión, y me impresioné tanto que dejé de orar y se lo conté a Mélida en ese mismo instante. Al día siguiente sábado, a las doce del día, llegó el doctor a abrirme la pierna, cosa que había quedado de hacer el Domingo, pero quería ir al mar a descansar y quería irse tranquilo, porque tampoco él aguantaba la situación. Yo le dije al doctor que ya mi pierna estaba curada y le conté la visión. El sonrió incrédulo y procedió a quitar los vendaje.

Efectivamente, cuál fue nuestra sorpresa y agrado mutuo, que al quitar los vendajes, la pierna estaba tal a como yo la había visto en mi visión, sana, sana completamente, como si no hubiera tenido nunca nada. Habían transcurrido 4 meses de lucha médica sin resultados positivos, y el Señor, en una sola noche, hizo posible lo que el hombre no puede hacer en 4 meses. ¡Gloria a Dios!

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Estaba como muerta

Mario y Beatriz Esquivel

Hace como 8 años, para un 24 de Diciembre, nos fuimos a Diriamba a pasar la noche de Navidad; la íbamos a pasar en familia. Teníamos planeado matar un cerdo y en eso estábamos cuando, de pronto, llegó una sobrina y le dijo a Mario que la María Gabriela (nuestra hija mayor) estaba muerta, pues se había caído de un palo de toronja y se había venido de cabeza. Mario y su cuñada salieron en carrera a donde decían que nuestra hija estaba muerta. Lo único que yo hice fue pedirle al Señor que me diera fortaleza, no tuve valor de ir.

Cuando Mario y su cuñada comenzaron a orar sobre ella, ella no respondía. Estaba como muerta. Nos fuimos donde un tío mío que era médico y comenzó a examinarla, pero ella seguía inconsciente. En ese momento el Señor me estaba dando una paz que sólo Él puede dar, pues yo soy muy nerviosa y me descontrolo toda.

Le pusieron suero porque comenzó a tener diarrea y vómito. Una enfermera que se encontraba ahí me dijo que alistara el cajón porque se iba a morir, ya que eso era Meningitis. Yo en ningún momento dudé del Señor pues confiaba plenamente en él. No sé qué esperaba del Señor pero confiaba y esperaba. En eso Mario me dijo que iba a ir a buscar a Nery Morales y a Bayardo Reyes, que en ese tiempo estaba viviendo en Diriamba.

Ellos llegaron y oraron sobre ella. El Señor le mostró a Bayardo que tenía varias quebraduras en el cráneo y veía también varios coágulos; y veía como el Señor venía soldando las quebraduras y limpiando los coágulos. Desde ese momento ella comenzó a mejorar. Pero siempre con el vómito y la diarrea.

Como a las 6 de la tarde, ella en su media conciencia me dijo que por favor fuera a llamar a su Tío Nery para que orara por ella. En lo que Mario estaba abriendo la puerta para ir a llamar a Nery, en ese mismo momento Nery iba a golpear la puerta de la casa. Le dijo a Mario que estaba pidiendo por la María Gabriela y el Señor le dijo que fuera a orar de nuevo por ella. Por eso estaba allí. Desde ese momento dejó de vomitar, cesó la diarrea y volvió en sí completamente. Sólo los nervios del oído los tenía muy sensibles.

Cuando pudimos volver a Managua, la llevamos donde el neurólogo, quien la examinó y no encontró ninguna anormalidad; recordaba los nombres, números de teléfonos de sus amigas y no encontró nada malo en ella. Le damos infinita honra y gloria al Señor por su fidelidad, fortaleza y consuelo, ya que él siempre está con nosotros en todo momento.¡Bendito sea el Señor!

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Dos manos gigantescas

David Pereyra D.

En la asamblea del 3 de mayo de 1996, a la hora del compartir, Gonzalo Cardenal pidió que esa noche diéramos testimonio especialmente sobre la protección de Dios.

Muchos de mis hermanos saben que en ese entonces yo tenía un par de años de no ver el sol claro y que, en ese momento preciso, mi familia y yo estábamos pasando por una dura prueba con el caso de nuestra hija Elena. Así que cuando oí la petición de Gonzalo, le dije al Señor: "Creo que en estos momentos yo sería un pésimo testigo de tu protección, ¿verdad Señor?..."

No había terminado de decir esto cuando vi dos manos gigantescas sobre mi persona, y de pronto, éstas se quitaban de encima para pasar a colocarse debajo de mi. Inmediatamente caí de rodillas llorando y le pedí perdón al Señor por mi reproche. Pero lo más importante para mí fue que hasta entonces pude comprender lo que verdaderamente pasa cuando no experimentamos la protección del Señor, es decir, cuando retira sus manos de encima de nosotros y nos alcanzan entonces las dificultades, la angustia y el dolor.

Ciertamente el Señor retira algunas veces sus manos protectoras de encima de nosotros, pero entonces, inmediatamente las coloca debajo de nosotros para SOSTENERNOS y que podamos soportar las pruebas y tribulaciones.

En ese momento pude ver con claridad la manera como Dios me había sostenido con sus propias manos en distintas ocasiones durante los dos últimos años. Reconocí que si esas manos no hubieran estado ahí sosteniéndome, me habría desmoronado hace tiempo, y a lo mejor hubiera cometido cuatro disparates que ahora estaría lamentando. Le di y le doy gracias a Dios por sostenerme, y le pido que aunque nunca más vuelva a colocar sus manos encima de mí, jamás las retire debajo de mis pies.

He querido compartir esto porque creo que viene al caso. Creo que uno de los problemas del cristiano moderno, incluídos algunos de nosotros, es que vemos en el seguimiento de Cristo una vacuna contra el dolor, contra el sufrimiento y las dificultades. ¡Nada más falso que eso! Cristo lo que nos ofreció, y lo dejó por escrito en (Mateo 16:24), fue lo siguiente: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame". Y todos sabemos lo que CRUZ significa.

Como hijos podemos y debemos pedir siempre PROTECCIÓN a nuestro Padre Celestial, y debemos esperarla. Pero al mismo tiempo debemos reconocer que como hijos estamos en proceso de formación, y que detrás de las pruebas hay un propósito de Dios para nuestras vidas que normalmente no vemos ni comprendemos.

Cuando lleguen las dificultades, no debemos caer en la tentación de creer que Dios nos ha abandonado, cayendo así en la desconfianza e incluso resintiéndonos con Él. Debemos recordar siempre que las manos de Dios nos sostienen, que Él nos ama y que siempre quiere lo mejor para nosotros. ¡Alabado sea el Señor!